Despliegue policial en el lugar de los hechos. / Redes sociales

Un empleado de Walmart mata en Virginia a seis compañeros antes de suicidarse

El homicida, descrito por sus conocidos como un hombre solitario cuya vida era «ir y volver del trabajo», abrió fuego sin mediar palabra

MERCEDES GALLEGO Nueva York

Todas las noches, sobre las 22.15 horas, André Bing reunía a su equipo en la sala de descanso del hipermercado Walmart de Chesapeake (Virginia) para asignarles las tareas del cierre. Ayer a esa misma hora, sin mediar palabra, sacó una pistola y comenzó a dispararles. Se trata de otro «tiroteo sin sentido», dijo la Policía. De esos que ocurren en ciudades pequeñas del interior de Estados Unidos en las que «nunca pasa nada», contaban horrorizados sus habitantes. Sitios tranquilos y pacíficos donde nadie espera lo que ayer se volvió una realidad cotidiana en Estados Unidos. El del Walmart de Chesapeake es el segundo de esta semana, después de que un joven abriera fuego en un club gay de Colorado Springs (Colorado), donde mató a cinco personas antes de que un veterano de Irak le redujese.

A aquel pistolero que vivirá para contarlo se le conocía por su agresividad y odio contra los homosexuales. A Bing, simplemente no se le conocía. «Era uno de esos tipos que no hablan con nadie y se guarda para sí mismo», contaron los vecinos. Bing llevaba 12 años trabajando en la cadena de hipermercados que, con frecuencia, se encuentra en el centro del debate sobre las armas por otras razones. Siempre hay un Walmart en cualquier parte del corazón de Estados Unidos. Es allí donde los amantes de las armas saben que pueden encontrar el último modelo o la munición, junto a la máquina cortacésped. Bing tenía las dos.

Hace dos años se compró su primera casa y tenía el césped impoluto. Vivía solo, no hablaba con nadie, no se le conoce rastro en las redes sociales, pero sus vecinos le veían siempre afanado en cortar el césped. El martes, la Policía dejó marcadas las ruedas de las patrullas que entraron a toda velocidad por el césped para registrar la vivienda, en la que pasaron la noche buscando pruebas que sirvan para explicar el episodio de locura. Su inquilino no lo hubiera aprobado, pero ya no está en condiciones de quejarse. Se pegó un tiro después de matar a seis personas, todos ellos presuntamente sus empleados.

«Actitud desagradable»

En una de las pocas interacciones que tuvo con uno de sus vecinos, Bing dijo que su madre y su hermana habían muerto en Nueva York de covid durante la pandemia. Todo el mundo coincide en que era un tipo de los que no tienen vida personal. «Su vida era ir y volver al trabajo», dijo al 'New York Times' Shaundrayia Reese, que trabajó con él durante tres años. Otros recordaban su «actitud desagradable», lo cual había provocado quejas de sus subordinados a la compañía. Era él quien se encargaba de organizar el cierre del comercio, recibir y descargar los camiones, reabastecer las estanterías, asignar las tareas de limpieza y asegurarse de que amanecía impoluto para otra jornada de consumidores. «Era un poco agresivo», contó Nathan Sinclair en otra entrevista. «A veces no estaba mal, pero era difícil trabajar con él».

No medió palabra alguna. Si había resquemores previos, la hora de discutirlos ya había pasado. El martes era el momento de llevárselos por delante antes de quitarse la vida. Algunos de los clientes que apuraban la jornada de compras por los pasillos reconocieron los sonidos de los disparos y dieron la voz de alarma. «¡Eso es un arma, salgamos todos de aquí!», gritó alguien. Y a partir de ahí el caos se apoderó del local.

Media docena de familias pasarán este día de Acción de Gracias en el tanatorio y otras tantas en el hospital, sin entender por qué. «No puedo hablar ahora, acabo de ver a tres de mis compañeros ser asesinados delante de mí, nadie debería tener que ver esto», se excusó ante las cámaras Donya Prioleau.