La producción de armas en EE UU se ha triplicado desde el año 2000. / EFE

El Supremo asesta un golpe al control de armas en EE UU

Las grandes ciudades ya no podrán negar licencias para portar armas salvo en los lugares más sensibles como escuelas y hospitales

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Ya lo dijo Donald Trump el mes pasado durante la convención de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que invirtió en su campaña presidencial 30 millones de dólares: «No sabíamos cómo iba a salir esto, pero os diré qué: A la NRA le ha ido muy bien». Se refería a los cientos de jueces afines a su causa que el presidente nominó, pero en particular a los tres vitalicios del Supremo que han inclinado la mayoría hacia el lado conservador e influirán las leyes de EE UU durante generaciones. Este jueves le entregaron la victoria más importante que la NRA haya tenido desde el 2008.

El lobby armamentístico había apadrinado a dos residentes del estado de Nueva York, Brandon Koch y Robert Nash, molestos por haber recibido solo permisos limitados para llevar encima sus pistolas cuando fueran de visita a la Gran Manzana, donde solo pueden portarlas quienes demuestren necesidad y buena conducta. «¿Y si yo paso por un barrio peligroso y quiero defenderme?», cuestionó durante la vista oral la jueza Amy Coney Barrett?»

Ese tipo de preguntas anticipaban que la mayoría conservadora, que el martes demostró su disposición de «seguir desmantelando los muros de separación entre el estado y la Iglesia», escribió la jueza Sotomayor en la opinión disidente del caso que obliga a Maine a subvencionar colegios religiosos, asestaría otro duro golpe a la sociedad, antes incluso de que emita la polémica sentencia que prohibirá el aborto.

La Ley Sullivan

La profecía se cumplió. Desde ahora, cualquiera podrá obtener una licencia para llevar un arma oculta en el cinto sin tener que demostrar necesidad alguna o buena conducta. Esos eran los requisitos que desde hace más de un siglo exigía la Ley Sullivan que el Supremo declaró este jueves anti constitucional, porque pese a tener 108 años de vigencia no se ajusta a la «tradición de portar armas» que tiene el país, escribió el juez Clarence Thomas en su decisión.

Los 30 millones de dólares que la NRA invirtió en la campaña de Donald Trump se rentabilizaron este jueves de inmediato en Wall Street, donde las acciones de Smith & Wesson subieron más de un 9% y las de Sturm Ruger casi un 4%. Todo ello, a pesar de que el Senado ha anunciado un acuerdo bipartidista para reforzar la legislación de control sobre armas que podría ser el más importante en tres décadas, algo que normalmente hace caer el precio de las acciones.

La producción de armas en EE UU se ha triplicado desde el año 2000, pero en particular ha batido récords de ventas cada año desde que empezó la pandemia. En grandes urbes como Nueva York, Los Angeles o Boston, el argumento de los cazadores perdía fuerza en favor la necesidad pública de evitar que cualquier altercado en el metro se convierta en un tiroteo. Con todo, cada año la policía incautaba más de 3.000 armas, que solo en los primeros tres meses del año procedían de 17 estados. Ahora las armas que llegan a Manhattan lo harán legalmente a través de la vía rápida de Van Wyck Expressway que conecta Brooklyn y Queens con Manhattan, lamentó el alcalde Eric Adams, un ex policía. «Esto costará vidas», advirtió en un comunicado la Asociación Médica Americana.