Payton Gendron mató a trece personas el pasado sábado en un supermercado. / AFP

El supremacista de Búfalo pretendía seguir la masacre en otras ubicaciones

La policía estudia el manifiesto de 180 páginas que describe como un batiburrillo de sus planes y teorías conspiratorias

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Las trece víctimas que Payton Gendron se anotó el sábado en su recién estrenado historial de pistolero supremacista eran solo el principio. «Iba a montarse en el coche y conducir por la avenida Jefferson para seguir haciendo lo mismo», dijo este lunes el comisionado de Policía de Búfalo Josep Gramaglia.

La rápida actuación de sus agentes logró frenar la orgía de sangre con la que pretendía hacerse un hueco en la lista de los tiroteos más famosos del mundo con componente de odio racial. La pandemia le había dado mucho tiempo para bucear por internet, captivado por la teoría conspirativa del Gran Reemplazo que aprendió, sobre todo, del manifiesto que dejó el autor de la masacre de las mezquitas de Nueva Zelanda en 2019, Brenton Tarrat. Para superar su medio centenar de muertos había que matar a muchos negros como los que él persiguió por los pasillos del supermercado Tops Friendly Market, elegido específicamente por ser el corazón de un barrio densamente poblado de afroamericanos.

Todo eso y mucho más lo dejó escrito en su propio manifestó de 180 páginas que la policía estudia cuidadosamente para encajar el puzle de otra masacre más. La suya será más fácil de explicar, aunque no de entender, porque ese «batiburrillo» de teorías conspiratorias y racistas, como lo describió el comisionado de policía, deja muy claro los motivos de su actuación. De hecho, la gobernadora del estado de Nueva York Kathy Hochul, natural de Buffalo precisamente, fue la primera en llamarle supremacista blanco el mismo sábado, cuando todavía nadie se atrevía a burlar la presunción de inocencia.

Este martes acudirá a Buffalo el presidente Joe Biden y su esposa, dispuestos a reconfortar a la comunidad afroamericana que ha perdido en la masacre algunos de sus históricos luchadores de los derechos civiles. Biden no se centrará tanto en las armas, una batalla perdida, sino en la necesidad de luchar contra el racismo que supone el pecado capital del país y, aún así, «no tiene sitio en EEUU», adelantó la Casa Blanca.

Nueva York es uno de los pocos estados en los que las leyes de la «alerta roja» permiten a las autoridades actuar e impedir la adquisición de armas cuando hay señales de que puedan usarse para matar a otros. El joven de 18 años había dado suficientes pistas. De hecho, en junio del año pasado la policía recibió una llamada de su instituto, donde había proferido «amenazas generalizadas» que hicieron a alguien temer lo peor. La llamada sirvió para internarlo día y medio en un centro psiquiátrico con el fin de evaluarlo, pero se desconoce el resultado o si las autoridades lo utilizaron para invocar esas leyes de la alerta roja que pudieron impedir la masacre.

Gendron llevaba desde entonces planeando su plan para hacerse un sitio entre quinees quieren «despertar» al hombre blanco para impedir que la gente «de color» los extermine. Y para los supremacistas, los hispanos son parte de la gente de color. De hecho, también en 2019 otro como él, Patrick Wood, la emprendió a tiros con los que compraban en un centro comercial de El Paso para equipar a sus hijos en la vuelta al cole. La masacre dejó 23 muertos y otra declaración de odio en las redes sociales.

Si en algo les ganaba el joven de Buffalo con acné juvenil es en la osadía de querer transmitirlo en directo mediante una cámara que llevaba adosada al casco. Las autoridades no tardaron en terminar la transmisión, que ya no aparece por la plataforma Twitch, propiedad de Twitter. Hay quien ha conseguido atesorar un pantallazo, eso es todo.

Los tres primeros muertos los dejó en el aparcamiento. Al entrar a tiros en el supermercado se encontró con el guardia de seguridad, Aaron Salter, un ex policía que había buscado allí un destino más tranquilo y, sin embargo, encontró la muerte. También la gloria, porque logró acertar el torso del pistolero en al menos una ocasión, según la policía, solo que Gendron llevaba un chaleco antibalas que le permitió repeler el disparo y seguir con frialdad su carnicería durante un minuto más. A los negros los remataba en el suelo, a los blancos les pedía perdón si les apuntaba por error.

Lo que ha logrado con ello es que, por primera vez, una congresista republicana denuncie la complicidad de su partido en la proliferación del supremacismo blanco. Solo que Liz Cheney ya era una paria del Partido Republicano desde que este rinde pleitesía a Donald Trump y a los 74 millones de votos que obtuvo en las últimas elecciones.