El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y su homólogo ruso, Vladímir Putin, no participarán esta vez en la cumbre entre sus dos países. / efe

EE UU y Rusia tensan su pulso sobre Ucrania antes de la cumbre de la «desescalada»

Washington advierte del riesgo de confrontación y Moscú dice que no hará «concesiones» ni dejará que en la reunión de este lunes en Ginebra se aborde el conflicto de Kazajistán

MIGUEL PÉREZ

La posibilidad de rebajar la gravedad del conflicto en Ucrania se vuelve cada vez más tenue. Estados Unidos y Rusia dedicaron el domingo las horas previas a la cumbre sobre la situación creada en este país tras la movilización en su frontera de más de 100.000 soldados rusos a echarse un pulso y realizar una espesa demostración de quién llega más lejos en el tensionamiento de las relaciones mutuas.

Por parte de la Casa Blanca, el secretario de Estado Antony Blinken alertó una vez más del riesgo de «confrontación» y añadió que a su país no le temblará la mano para aplicar a Rusia las sanciones comerciales y económicas más severas, como ha hecho anteriormente con Cuba o Corea del Norte, en caso de que sus tropas invadan el territorio ucraniano.

Por parte de Moscú, el viceministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Riabkov, expuso la «decepción» del Kremlin por el enroque estadounidense y declaró que en las conversaciones ni habrá «concesiones» al calor de una retórica amenazante ni dejará que se introduzcan en el orden del día las cruentas revueltas de Kazajistán, que han costado ya 164 muertos y 2.000 heridos.

Desafío aquí, réplica allá, resulta predecible el clima que pudo presidir después la cena entre Riabkov y la subsecretaria Wendy Sherman, representante de la Casa Blanca en el diálogo que empieza este lunes en Ginebra. Un entrante frió para una agenda intensa. Los rusos tienen otra cita con el consejo de la OTAN en Bruselas el miércoles y está previsto un tercer encuentro al día siguiente con la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.

Sin embargo, cada día que pasa crece la sensación de que será una semana estéril. El ambiente cruzado de advertencias entre todas las partes (incluidas las arremetidas de la Alianza Atlántica y la UE sobre Moscú), los continuos desafíos verbales previos entre los dos actores principales y la relevancia de los interlocutores, viceministros, altos cargos y expertos (salvo sorpresa mayúscula los presidentes Joe Biden y Vladímir Putin serán simples espectadores a distancia), apuntan a que la ronda no arrojará un resultado crucial sobre el porvenir inmediato de Ucrania. Su Gobierno, según transcurren las semanas, considera más sólido el peligro de que Rusia le arrebate su soberanía. Otros analistas sostienen que, en realidad, solo busca una demostración de fuerza y advertencia de cara al futuro.

Desde este lunes al viernes próximo es posible que los participantes en la ronda salgan más enfrentados o asienten alguna expectativa. A lo máximo que se espera es a encontrar una llave para abrir y desbloquear de alguna manera no solo la crisis de Ucrania sino otras latentes en el nuevo escenario internacional de fuerzas surgido de la pandemia, más tenso y cuajado de amenazas que en la década pasada. De hecho, antes de partir hacia Ginebra, Sherman mostró la disposición de la Casa Blanca a abordar asuntos como el equilibrio de tropas y de armamento logístico en el este de Europa. Pero también destaca que seguirá otorgando su apoyo a Kiev.

Carácter «exploratorio»

Moscú quiere conseguir un acuerdo amplio sobre la seguridad en Europa. Es decir, «garantías jurídicas, legales, de la no expansión de la OTAN en el futuro», manifestó ayer el viceministro de Relaciones Exteriores. A Putin le preocupa que Ucrania se sume a la Alianza Atlántica y así su influencia llegue hasta la frontera rusa. Visto así, Riabkov añadió que bromas, pocas, y que «está totalmente descartado» que el Kremlin haga alguna «concesión bajo amenaza» en la cumbre. Que Washington o la OTAN intenten lograr acuerdos mediante presión «es no conocer la esencia de la política rusa», sentenció.

La última aportación de Estados Unidos a la negociación es que será «exploratoria». La Casa Blanca no tomará decisiones sin consultar antes al Gobierno ucraniano y la OTAN. La Unión Europea, temerosa de quedarse en la condición de invitado de piedra, parece haber encontrado también su hueco. No en vano, Biden tiene claro su interés en fortalecer las relaciones con el bloque europeo en su estrategia de alineamiento contra la superpotente China.

Blinken lanzó el domingo la pelota al tejado de Putin. Explicó que el resultado de las conversaciones dependerá especialmente de la actitud rusa. «Hay un camino de diálogo y diplomacia para resolver algunas de las diferencias» y también existe «otro camino de la confrontación», desafió tras subrayar que «resulta muy difícil hacer progresos mientras Rusia mantiene una pistola apuntando a la cabeza de Ucrania».