Andrew Cuomo. / REUTERS

Otra mujer pone a Cuomo en la cuerda floja

Es la décima que acusa al gobernador de Nueva York de acoso sexual

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

A partir de la semana que viene todos los adultos que quieran, podrán vacunarse de covid-19 en el estado de Nueva York, donde según el gobernador Andrew Cuomo, ya se puede ver «la luz al final del túnel». No para él, sin embargo, porque a la luz de los quince minutos de gloria que le ha dado su gestión de la pandemia ha salido a flote el estilo dominante y abusivo de un político al que ya han acusado de acoso sexual diez mujeres.

La última, Sherry Vill, a la que el gobernador visitó en 2017 cuando la crecida del Lago Ontario inundó su casa, ofrece fotos, pero lo más dañino es su testimonio. «Eres muy bonita», cuenta que le dijo, antes de agarrarle la cara con las dos manos y besarla en las mejillas. «Esto es lo que hacen los italianos», se justificó él. «¿Necesitas algo más?», le preguntó tomándole la mano antes de despedirse.

Era la tercera vez durante la visita que el gobernador la besaba «de una forma altamente sexual», insistió ella el lunes durante una comparecencia mediática por zoom. En cuestión de días recibió una invitación de la oficina del gobernador para que le acompañase a un acto, algo que consideró inapropiado porque no incluía ni a su marido ni a su hijo.

Es difícil pensar que la acusación hubiera tenido peso de no ser parte de una cadena de denuncias que desató en febrero Lindsey Boylan, una joven economista que destapó «el ambiente de trabajo tóxico» que reinaba en la oficina del gobernador. Allí «el acoso sexual y el bullying es tan perverso que no solo se condona sino que se espera», aseguró en Medium. «Su conducta inapropiada hacia las mujeres es una afirmación de que le gustas y por tanto debes de estar haciendo algo bien. Intimida para silenciar a sus críticos y si te atreves a hablar pagarás las consecuencias».

Los avances, tocamientos y amenazas veladas son solo parte de sus problemas. A Cuomo también se le acusa de haber dado acceso privilegiado a las pruebas de covid-19 a familiares y amigos al principio de la pandemia, cuando era difícil acceder a ellas. Y detrás de todo eso, punta de lanza para la investigación de impeachment que se lleva a cabo, yace la acusación más mortal: La de haber maquillado las cifras de muertos en residencias de ancianos para evitar la responsabilidad de haber obligado a estos centros a aceptar a los enfermos de covid-19. El gobernador de 61 años, que lleva diez en el cargo, se resiste con uñas y dientes a dimitir, pero sus perspectivas presidenciales se han esfumado.