Activistas de los derechos de los homosexuales protestan ante la sede del Tribunal Supremo. / Jonathan Ernst/reuters

Medio centenar de congresistas republicanos se suman a la protección del matrimonio homosexual

La ley precisará del apoyo de diez senadores del partido de la oposición para que salga adelante

MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL. NUEVA YORK

Se consideraba una votación simbólica para dejar en los anales legislativos que los demócratas habían intentado salvar los matrimonios homosexuales porque nadie tenía muchas esperanzas de que la propuesta se convirtiera en ley, dada la falta de mayoría del partido en el Senado. Entonces ocurrió lo inesperado: 47 diputados republicanos decidieron sumarse al pleno demócrata para apoyar la Ley de Respeto al Matrimonio, que protege las uniones entre parejas del mismo sexo, distinta raza y hasta distinta nacionalidad.

El espectáculo de conservadores que apoyaban una causa tan progresista ha dado un soplo de vida a la iniciativa, que de lo contrario ni siquiera hubiera llegado al pleno del Senado, donde necesitará de diez votos republicanos para ser aprobada. El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, dijo estar tan «impresionado» que se ha puesto a trabajar de inmediato con la senadora de Wisconsin Tammy Balwin para convencer a algunos de sus colegas republicanos de la Cámara alta.

Entre los que apoyaron el martes la propuesta de ley destacan la diputada Liz Cheney, hija del vicepresidente Dick Cheney y miembro de la comisión bipartidista que investiga la insurrección del 6 de enero, el cubanoamericano Mario Díaz-Balart, un duro del exilio de Miami, y una ristra de legisladores de estados tan conservadores como Utah, Missouri, Pensilvania u Ohio, además de los de Nueva York y California.

Apoyo popular

¿Qué había ocurrido? Las encuestas demuestran que por mucho que al Tribunal Supremo le incomode la jurisprudencia que lo protege, el matrimonio entre dos personas del mismo sexo goza del 71% de aprobación en la sociedad, según la última encuesta de Gallup. En comparación solo el 27% lo apoyaba en 1996, cuando Bill Clinton firmó una ley para definir el matrimonio como un sacramento exclusivo entre hombre y mujer. Volver a «la tradición», como ha expresado la mayoría conservadora del Supremo en la sentencia que dilapida el derecho al aborto, sería muy impopular, no solo entre los progresistas sino también entre los republicanos.

Eso indica que será más fácil defender este derecho que el de las mujeres a interrumpir el embarazo. Al menos diecisiete de ellas, todas congresistas, fueron detenidas el martes en la escalinata del tribunal durante una protesta por «obstrucción», alegó la Policía del Capitolio, que también arrestó a otros 35 manifestantes.

«Estoy furiosa y afligida», tuiteó la diputada Katherine Clark de Massachusetts, que ocupa el cuatro puesto más alto en la jerarquía demócrata de la Cámara baja. «Pueden arrestarme, pero no permitiré que arresten nuestras libertades. Seguiré luchando con orgullo por nuestro derecho al aborto y todos nuestros derechos constitucionales», lapidó.