Joe Manchin. / MIKEL CASAL

Perfil

Joe Manchin, el senador de EE UU que frena la lucha contra el cambio climático

Es demócrata, pero respaldó el 74% de las iniciativas de Trump. A sus 74 años, tiene cogido como rehén al gobierno de Joe Biden al estar en posesión del voto del que depende cualquier legislación

MERCEDES GALLEGO

Los padres fundadores quisieron que el Senado de EEUU tuviera cien asientos. Los votantes lo dividieron salomónicamente en 50-50 para cada partido en las últimas elecciones. Y desde entonces Virginia Occidental hizo de Joe Manchin el hombre que decide la suerte de cualquier legislación que se vota. El resto del país, claro, no está muy contento.

Desde 'Casi el Cielo' (Almost Heaven), el barco en el que vive anclado en el Río Potomac, Manchin contempla cada mañana el perfil de Washington, con el Capitolio y el Obelisco despuntando entre las nubes. La vista debe ser tan imponente que un día la senadora de Alaska Lisa Murkowsky, en pleno éxtasis y, tal vez, ayudada por los elixires etílicos con los que Manchin relaja a sus invitados, sorprendió cantando a capella un 'God Bless America' que hizo historia.

Lo que hace de Joe Manchin el más rogado no es su capacidad de sentar en torno a unas cervezas a senadores rivales como Ted Cruz y Tom Harkin. Ni siquiera la exclusividad de sus veladas náuticas, a las que todo Washington quiere ser invitado, sino el efímero margen de la mayoría demócrata, que no permite al partido perder ni un solo voto. Y, sobre todo, el carácter conservador del senador de West Virginia que, pese a tener a Kennedy y Carter en su despacho, vota frecuentemente con la oposición. Está en contra del aborto y en favor de la pena de muerte, defiende las armas, invierte en la contaminante industria del carbón, autorizó el muro de Trump y casi se convierte en su secretario de Energía.

Los que dicen que Manchin no es un demócrata se equivocan. Caen en el falso paradigma de repartir la derecha y la izquierda entre el Partido Republicano y el Partido Demócrata, cuando entre estos últimos hasta Barack Obama admiraba a Reagan. Los tiempos están cambiando y cada vez hay menos espacio político para las medias tintas. Joe Manchin es uno de esos especímenes en extinción capaz de votar el 74% de las veces en favor de las leyes de Trump, según presume él mismo en su web, sin perder el respeto de sus correligionarios. Los Blue Dog, esos diputados demócratas fiscalmente conservadores a los que se supone cierto progresismo social, tienen en la Cámara de Representantes 19 miembros de 435, pero sin ellos la formación estaría perdida (la mayoría del partido en el gobierno es por apenas ocho escaños), porque no conseguiría ganar en la América Profunda. Toca hilar muy fino y no perder a Manchin.

El senador se jacta de que en el primer mes de gobierno recibió más llamadas de Biden que en los ocho años de Obama, quien sólo le llamó tres veces. El actual presidente incluso le invitó a desayunar el domingo pasado en su casa de Delaware, junto al líder del Senado Chuck Schumer -otro habitual de su barco-, para dirimir de tú a tú el alcance de la ley de infraestructura que definirá su presidencia. El ambicioso plan propone invertir en el futuro del país 3,5 billones de dólares para renovar equipamientos, ampliar la cobertura médica, incluir asistencia dental y oftalmológica, financiar las universidades públicas, impulsar energías limpias, subvencionar los vehículos eléctricos, montar una gran red de estaciones de carga, ofrecer preescolar gratuito a todos los niños, pagar tres meses de bajas laborales, construir vivienda social, ofrecer deducciones fiscales por cada hijo y financiar la dependencia de los ancianos, entre otros sueños del estado del bienestar, ausente en EEUU.

Para eso el partido no necesita ni un solo voto de la oposición, porque planea aprobarlo mediante un recurso presupuestario que solo requiere mayoría simple, pero ahí llega Joe Manchin, con su pluma tiznada para tachar todo lo que no le gusta. El senador ha obligado a sus correligionarios a elegir, porque no piensa aprobar más de 1,5 o 2 billones de dólares y, por supuesto, nada que ponga en apuros a la industria del carbón.

Creador de fábricas de carbón

El hombre de humildes orígenes que antes de zambullirse en la tradición política de la familia y convertirse en gobernador vendía alfombras y tenía un taller de coches ha amasado desde los años ochenta más de 4,5 millones de dólares con fábricas de carbón, creadas por él mismo. Como Trump, las puso en un fideicomiso «ciego» para evitar «un conflicto de intereses», y cedió la dirección a su hijo del mismo nombre. Según The Intercept, sus acciones en Energysystems están valoradas entre uno y cinco millones de dólares.

Solo en lo que va de año el senador, al que aún le faltan tres para la reelección, ha recibido donaciones de la industria petrolera por 40.000 dólares, amén de otros intereses contaminantes que le han permitido cerrar el mes de septiembre con 5,4 millones de dólares en efectivo. Manchin ha sido el principal defensor de la industria minera en el Senado, donde ha vetado regulaciones que hubieran evitado accidentes, emisiones contaminantes y derivados tóxicos, además de reducir el precio de la energía. «Como el carbón es la principal fuente de emisiones de mercurio, cada vez que comes pescado te metes mercurio en el cuerpo gracias a él», explicó el profesor medioambiental Avner Vengosh a The Intercept.

Manchin no solo es Dios en Washington. Cada vez que mira al cielo desde la barandilla de su barco decide lo que llueve en el resto del mundo y hasta lo que transforma nuestros cuerpos. Y salvo que el Todopoderoso decida que a sus 74 años ya ha hecho suficiente, el 'Take Me home' de John Denver no le llevará por las carreteras rurales de West Virginia, sino por las arterias del planeta.