Un bombero trabaja en la extinción del incendio forestal / efe

El joven que quiso quemar una araña y calcinó una montaña

Un excursionista se enfrenta a un año de prisión en Utah por haber prendido fuego a una ladera cuando trataba de exterminar con un mechero a un arácnido «raro» que encontró en su paseo

M. PÉREZ

Cory Allan Martin es la clase de persona a la que probablemente se le debería prohibir hacer senderismo con un mechero en el bolsillo. Dentro de la enorme oleada de incendios desatada este verano en Estados Unidos, presa, como en España, de la sequía y unas altas temperaturas fuera de lo común, el fuego provocado por este joven estadounidense de 26 años en una montaña de Utah es probablemente uno de los más ridículos en la historia de los bomberos forestales del país. Porque no existen precedentes de que un senderista haya calcinado 270.000 metros cuadrados de bosque al intentar abrasar a una araña que encontró en su camino.

Estados Unidos es un país donde todo puede relativizarse como si ocurriese dentro de una gran pantalla de cine. Más allá de condenar la negligencia de un excursionista, sobrecogerse ante el siniestro o discutir sobre las consecuencias del cambio climático, el suceso ha generado un intenso debate en las redes sociales sobre la quema de arañas.

¿Es lícito o no abrasarlas? Multitud de tuits definen la acción de Corey como «una barbaridad», y a su autor como «alguien con pocas luces» dado el contexto: una ladera plagada de arbustos secos en un día de calor asfixiante. Algunos mensajes ecologistas recuerdan la función clave de las arañas en el medio rural y condenan la «depradación humana y gratuita» del hábitat natural. Otros sostienen que el sospechoso estaba simplemente fumando un porro y se le cayó a la hierba. Sin embargo, hay quienes se confiesan aracnofóbicos y afirman «entenderle», aunque «no esté de acuerdo» con una acción como la de Allen.

La aracnofobia es un rasgo bastante común. El 75% de la población mundial parece sentir algún reparo hacia este artrópodo. Sobre todo, si es peludo o de cuerpo consistente. Según el Instituto Max Planck para las Ciencias Congnitivas de Leizpig, tal volumen de rechazo indicaría que se trata de un miedo innato que pasa de generación en generación. Dénles un mechero y un trozo de bosque a un mínimo porcentaje de aracnofóbicos y el dióxido de carbono se quedará pequeño como causa del efecto invernadero.

Bomberos y aviones

Allen relató a la Policía que paseaba con su perro por un camino forestal de Springville cuando se encontró con una araña que consideró «rara». Ni corto ni perezoso, cogió su encendedor para quemarla, «nadie sabe por qué razón», según la oficina del Sheriff. Lo que prendió fueron unos matorrales alrededor del arácnido. Las llamas rápidamente se propagaron por la maleza, extremadamente seca debido al calor que azota Utah desde hace semanas, y ascendieron por la ladera de la montaña hasta su cima. Nadie sabe si la araña pudo escapar.

California se enfrenta este verano a incendios de gran envergadura / ep

La antorcha en que quedó convertido el lugar no resultó baladí. En las labores de extinción han debido participar dos brigadas de bomberos y un avión que arrojó líquido retardante sobre las llamas, según informan los medios americanos.

Allen pasa estos días en libertad provisional a la espera de juicio. Cuando los camiones de bomberos llegaron a la base de la ladera, él continuaba ahí. Con su perro y su mechero. Confeso la autoría del siniestro. La Policía registró más tarde su mochila y descubrió un envase de marihuana. Cabe pensar que la araña ni fuera tan grande ni tan «rara» como describió. Aunque un agente señaló a la televisión que en el momento de su arresto no parecía drogado. El gobernador de Utah, Spencer Cox, ha colgado en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: «Em, no se droguen niños (y no prendan fuego a las arañas durante una sequía)».

El joven se enfrenta a una posible condena de un año de prisión. «No estoy seguro de por qué sintió la necesidad de tener que quemar la araña, puede que ni siquiera existiera una razón», ha declarado el sargento del condado de Utah Spencer Cannon. «Y ahora todo el remordimiento del mundo no cambia el resultado». Las autoridades del Estado afirman que nunca se habían topado con un caso así, aunque en todo el país si han sucedido accidentes singulares que todos los años obligan a hacer llamamientos a la población para ser responsables. El año pasado, un hombre quiso alejar una plaga de culebras cerca de su casa con carbones encendidos y calcinó la vivienda y sus alrededores. Ocurrió en Georgia. Los daños superaron el millón de dólares.

A favor del acusado juega el hecho de haber quedado probado que no es un pirómano sino un imprudente. Una diferencia que le eximirá de una temporada mucho más prolongada a la sombra. El 90% de los incendios forestales en Estados Unidos se producen por la caída de rayos y el uso de maquinaria agrícola u otros vehículos forestales, mientras el 10% restante son debidos a los pirómanos. De ahí que en la última década las autoridades estadounidenses hayan extremado la persecución sobre estos últimos dentro de una cruzada contra el fuego que cada año se antoja más conflictiva.

En 2021 el país registró una de las peores oleadas de incendios, especialmente en California, que este verano vuelve a ser pasto de las llamas. Entre todos los siniestros en activo, destaca el bautizado como McKinney Fire, que ha causado cuatro muertes y devorado desde hace una semana más de 22.000 hectáreas de terreno.