Votación en un colegio electoral de Norcross, en Georgia. / AFP

Georgia se vuelca con la elección del último escaño del Senado

El demócrata Warnock y el republicano Walker personifican la batalla de sus partidos por la mayoría en la Cámara durante una jornada sin incidentes

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Nadie quiere esperar mucho esta noche para saber qué partido tendrá la mayoría en la Cámara Alta. Eso es lo que se jugaba este martes en Georgia, uno de los dos estados del país que obliga a una segunda vuelta sin ninguno de los candidatos obtiene más del 50% de los votos. Como dijo el propio creador de ese sistema político aprobado en un referéndum constitucional en 1968, se trataba de dificultar el voto negro, explicó después el gobernador segregacionista Lester Maddox. Y ese voto negro es el que se miraba este martes con lupa.

Tradicionalmente favorece a los demócratas, aunque esta vez se da la singular circunstancia de que ambos candidatos son afroamericanos. Raphael Warnock, de 53 años, se convirtió en las elecciones especiales de hace dos años en el primer senador negro del Estado y presenta esta contienda como «la lucha entre el bien y el mal». Su rival, Herschel Walker, de 60 años, explota su fama como estrella del fútbol americano. En sus años mozos triunfó en equipos como los Dallas Cowboys, New Orleans Saints, Denver Broncos, Minnesota Vikings, Filadelfia Eagles, New York Giants y New Jersey Generals. Fue en este último, propiedad de Donald Trump, donde se hizo amigo del magnate.

Cuando llegó el momento de elegir un candidato de su cuerda para arrebatar a los demócratas el escaño de Georgia, el magnate que aspira a volver a la Casa Blanca convenció a Walker, nativo de Georgia, para que se presentara a las primarias del Partido Republicano. Con su ayuda, Walker ganó a otros seis rivales, pero no fue capaz de vencer en las generales del pasado día 8. Tampoco Warnock pudo darle jaque. Por eso lo que se jugaba ayer era más que la mayoría del Senado o incluso «la lucha entre el bien y el mal» que describía el senador Warnock. Unos y otros quieren saber de una vez por todas si los candidatos de Trump, que suelen vencer fácilmente en primarias gracias al poder del magnate sobre sus incondicionales, pueden ganar en las generales o son un suicidio político.

La buena noticia para la democracia es que esta lucha enconada ha animado el voto. Un número récord de electores aprovecharon el voto anticipado para los comicios del pasado día 8, 1,8 millones de votantes, el doble que en 2018. Tal vez por eso las autoridades del Estado han acortado cuánto han podido el plazo para ejercer este voto anticipado en la segunda vuelta, motivo por el que no se pueden establecer serias comparaciones con anteriores comicios. Los demócratas han tenido que recurrir a los tribunales para conseguir que el plazo estuviera abierto hasta el viernes pasado. Tampoco ha habido incidentes en una jornada que ha discurrido con normalidad.

Los expertos analizaban el voto de los principales condados para predecir el resultado. Si la participación era baja en los bastiones del partido conservador o demócrata, Se podía anticipar una muerte súbita para su candidato. Warnock tenía que superar los votos de la primera vuelta y Walker tenía que compararse con lo que obtuviese el gobernador Brian Kemp, que ganó fácilmente la reelección sin que los independientes aceptasen votar por toda la papeleta del Partido Republicano. Los cadáveres de Walker apestan demasiado.

Acusaciones

La estrella de fútbol americano que promete ilegalizar el aborto en todos sus supuestos ha sido acusado por dos de sus novias de haberles pagado el procedimiento para interrumpir el embarazo. Su ex mujer y otra novia con la que pasó cinco años lo acusan también de violencia doméstica, y su hijo de 23 años dice que ha sido «un mentiroso toda su vida», contó en las redes sociales. «No vamos a permitir que pretendas qué eres un hombre de familia con recta moral a costa mía y de mi madre», le dijo. «Fue un padre ausente. Tuvo cuatro hijos de cuatro mujeres diferentes y no estuvo en casa para criar a ninguno de ellos», tuiteó Christian Walker. Su madre ha callado durante la campaña, pero durante una entrevista con la ABC News contó en 2008 que Walker llegó a ponerle una pistola en la sien amenazando con volarle «los putos sesos».

Ese es el personaje que el Partido Republicano se ha visto obligado a defender en los comicios de este martes, como su última opción para arrebatar a Biden la mayoría en la Cámara alta, que de todas maneras dependerá del voto de la vicepresidenta Kamala Harris para romper el empate salomónico que arrojaron las urnas el pasado 8 de noviembre.