El tren subterráneo del Congreso de Estados Unidos. / RC

El expreso de la democracia

El tren subterráneo del Congreso de EE UU lleva un siglo trasladando a presidentes, jueces de la Corte Suprema y hasta estrellas de Hollywood

FRANKIE TAGGART/AFP

El Capitol Subway System, una red de tranvías en las entrañas de la laberíntica sede del Congreso en Washington, ha estado trasladando políticos durante más de un siglo. Escenario de un intento fallido de asesinato y de un escondite para un presidente que desapareció de la Oficina Oval sin decírselo a nadie, el tren del Congreso ha acaparado titulares alguna vez, pero también deleita a visitantes anónimos a diario. «A los niños les encanta, así que siempre hay senadores que están dispuestos a llevar a familiares con hijos o sobrinos pequeños para que se suban», confiesa Dan Holt, uno de los historiadores del Senado. Este metro privado para congresistas conecta la Cámara de Representantes y el Senado a lo largo de casi un kilómetro en un viaje subterráneo de 90 segundos.

Ronald Reagan y Barack Obama, senadores durante sus campañas electorales, viajaron a bordo del tren del Congreso. Y a un juvenil JFK, entonces simplemente el senador Jack Kennedy, se le negó una vez la entrada, diciéndole que «se hiciera a un lado para los senadores, hijo».

Hoy, la estación del sistema de transporte del Capitolio es un hervidero cada vez que hay sesión en el Senado, donde los periodistas se abarrotan para interrogar a los legisladores antes de una votación.

La experiencia no es siempre agradable. En 1947, un expolicía del Capitolio, William Kaiser, disparó contra el candidato presidencial John Bricker. Este senador de Ohio se subió al tren gritándole al conductor que arrancara cuando una segunda bala pasó por encima de su cabeza. «Sólo la buena suerte y la mala puntería de su agresor salvaron al senador», informó entonces el 'New York Times'.

Los políticos también encontraron en los vagones del Congreso un remanso de paz, lejos del ritmo frenético de la capital. William Howard Taft, el 27º presidente de Estados Unidos, generó pánico entre sus asistentes un sábado de enero de 1911 cuando desapareció durante una hora para ir a ver los trenes. «Un gran escalofrío de miedo se apoderó de la ciudad cuando las ansiosas preguntas a la Casa Blanca provocaron la respuesta de que no se podía encontrar al presidente», informó en su momento el 'Washington Times'.

La primera red de transporte subterráneo del Congreso se inauguró el 7 de marzo de 1909. Originalmente eran coches eléctricos Studebaker, que fueron sustituidos tres años después por un sistema de monorraíl. Luego, en 1960, se inauguraron cuatro pequeños trenes eléctricos, que el capellán del Senado apodó «el expreso de la democracia». Y en 1993, comenzó a circular con gran fanfarria un tren sin conductor.

El tren tiene sus detractores. Algunos senadores se quejan de que las ráfagas de viento arruinan sus peinados. Entre los famosos entusiastas del sistema están los actores Richard Gere, Chuck Norris y Denzel Washington, y la estrella de rock Bono.