El ya ex gobernador de Nueva York Andrew Cuomo. / AFP

El exgobernador Andrew Cuomo se enfrenta a la justicia por acoso sexual

Casi una docena de mujeres contaron públicamente sus experiencias en la oficina del gobernador, donde una investigación independiente iniciada por la fiscal de su propio partido constató un «ambiente tóxico»

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Dimitir no fue suficiente. El ya ex gobernador de Nueva York Andrew Cuomo, de 63 años de edad, tendrá que enfrentarse a la justicia por haberse propasado con sus empleadas, según confirmó este jueves la oficina del sheriff de Albany, donde le ha denunciado Britanny Commisso, que fuera su asistente ejecutiva.

Casi una docena de mujeres contaron públicamente sus experiencias en la oficina del gobernador, donde una investigación independiente iniciada por la fiscal de su propio partido, Letitia James, constató un «ambiente tóxico». Algunas de ellas se hubieran conformado con una disculpa pública, pero Cuomo lo negó hasta el final y prefirió irse con la cabeza bien alta, presentándose ante la opinión pública como alguien cariñoso que estaba siendo malinterpretado. Si dimitía era para ahorrarle a los contribuyentes el impass que se vivía desde que salieron a la luz las primeras acusaciones en diciembre del año pasado, aseguró.

Por muy italiano que sea, episodios como el de Commisso, en el que su jefe, el gobernador, cerró la puerta tras de sí y le metió mano por debajo de la blusa para tocarle el pecho «con el propósito de degradarla y gratificar sus deseos sexuales», reza la denuncia, se escapan del grado cultural en el quería enmarcarlo y entran dentro de la órbita del #MeToo. En su discurso de dimisión, Cuomo intentó tapar su conducta tras una cortina de amables palabras que confundieron a muchos e indignaron aún más a sus víctimas.

«Pensé que dar un abrazo y echar el brazo por el hombro de una empleada mientras nos tomábamos una foto era algo cordial, pero ella lo encontró incómodo», dijo sin citar nombres. «Creí que besar a una mujer en la mejilla en una boda era ser amable, pero ella lo encontró demasiado agresivo», se disculpó sin disculparse. «Ha habido un cambio generacional y cultural que no he sabido captar completamente y debería haberlo hecho, no tengo excusa».

De haber reconocido que su problema no era «ser muy familiar» y decir «bromas insensible» podría haberse ido una temporada al destierro político y volver cuando las aguas se calmaran, pero la doble ofensa de dar a entender que todo estaba en su cabeza y que las mujeres eran demasiado sensibles le costará tener que explicarlo en los tribunales.

La denuncia firmada el lunes pasado puede ser sólo la primera. La oficina del fiscal de Albany todavía no ha decidido si presentará cargos contra él por «tocamientos forzosos», una acusación que conlleva un año de prisión si se le declara culpable. El problema es que la víctima no tiene testigos y, además, tendrá que demostrar que el tocamiento no fue accidental sino intencionado, con fuerza y con el objeto de gratificarse sexualmente. Commisso, como otras de sus ex colaboradoras que ya han enfrentado la humillación de contarlo ante las cámaras, busca justicia, pero al menos sabe que enturbiará su retiro.