Biden pide al Congreso que suspenda los impuestos sobre la gasolina

El mandatario niega que sus políticas energéticas hayan hecho disminuir la producción petrolífera, que según dijo está por encima de la media que existía con su predecesor

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

La gasolina es para el verano. Por eso Joe Biden quiere que los impuestos sobre la misma sean los primeros en irse de vacaciones, pero sabe también que no ocurrirá. La propuesta que lanzó este miércoles para bajar el precio de la gasolina, en vísperas de las elecciones legislativas de noviembre, tiene tan pocas posibilidades de salir adelante en el Congreso como su partido en las urnas, mientras la inflación siga siendo la más alta de los últimos 40 años.

Hace 14, cuando el Partido Republicano lo propuso también en vísperas de elecciones, el entonces candidato presidencial Barack Obama se opuso tajantemente y las calificó de un «truco contable» para contentar al electorado. No es de sorprender que la oposición repita ahora sus palabras al que fuera su vicepresidente. Biden está desesperado por demostrar a los estadounidenses que los problemas que enfrentan cuando sacan la cartera en el supermercado o la gasolinera no son culpa suya. La culpa, insistió una y otra vez, es de Putin, cuyo nombre repitió once veces. La Casa Blanca incluso tomó la inusual medida de insertar imágenes de la invasión en todas las televisiones como trasfondo al presidente.

«Acordémonos de cómo hemos llegado hasta aquí. Putin invadió Ucrania, esos son los hechos. Desde el principio de la guerra en Ucrania este año el precio de la gasolina ha subido dos dólares por galón», recordó. «Ya avisé de que pagaríamos un precio por ello en las gasolineras, además de en armamento militar. Pudimos haber mirado para el otro lado, pero hubiéramos hecho mal».

Suspender durante tres meses los 80 céntimos por galón con que el gobierno federal grava el combustible sería una medida sin precedentes que casi ni se notaría en el bolsillo de los automovilistas, entre otras cosas porque no hay garantías de que las petroleras y las gasolineras vayan a pasar ese ahorro íntegro al consumidor. Varios legisladores republicanos han pedido pruebas de que así sería, a sabiendas también de que es imposible.

Biden pidió a los estados que hagan lo mismo con sus impuestos «para dar a las familias un poco de alivio», pero Connecticut y Nueva York ya lo han hecho, descontando una media de 30 céntimos por galón sin que se note. En Minnesotta, el gobernador ha propuesto utilizar parte del superávit para enviar a los hogares un cheque de gasolina. Los economistas advierten de que eso podría aumentar la demanda y por tanto seguiría subiendo el precio, por lo que algunos recomiendan dejar actuar a las fuerzas del mercado, que ya empujan a los automovilistas a modificar su conducta, en un país donde el transporte público es casi inexistente. Eso podría traer la contracción de la economía que el gobierno de Biden intenta evitar por temor a una recesión.

El mandatario negó este miércoles que sus políticas energéticas hayan hecho disminuir la producción petrolífera, que según dijo está por encima de la media que existía con su predecesor, al alcanzar este mes los 12 millones de barriles diarios. Además, su gobierno está poniendo en circulación un millón de barril más al día, procedente de las reservas estratégicas, y ha convencido a otros países para que se le sumen hasta un total de 240 millones de barriles. Con su próxima visita a Arabia Saudí intentará convencer a este país para que aumente la oferta, a la vez que impulsa la venta de etanol, «que este verano estará al precio más bajo en miles de gasolineras de EE UU», prometió.

«El problema está en las refinerías», aseguró, «algunas de las cuales cerraron durante la pandemia». Por eso la semana pasada escribió una carta a los consejeros delegados de las principales petroleras para pedirles que trabajen con su gobierno para traer a la mesa «ideas prácticas y pasos a corto plazo». La súplica desesperada es «trabajemos todos juntos en esto», pidió.