Joe Biden se dirige al Air Force One para viajar a Nueva Jersey donde promueve su plan 'Reconstruir Mejor EE UU'. / AFP

Biden se ve obligado a reducir sus aspiraciones para la ley de infraestructuras

El presidente quiere cerrar capítulo antes de viajar a la cumbre de Glasgow para dar credibilidad a sus planes para luchar contra el cambio climático

MERCEDES GALLEGO Corresponsal. Nueva York

Joe Biden se dispone a celebrar una victoria política que decepcionará profundamente a sus bases. La ley de infraestructuras, que el Senado pretende aprobar mediante mayoría simple por el recurso de reconciliación presupuestaria, será su legado histórico, pero no ampliará la edad para acceder al seguro médico de Medicare, ni proporcionará beneficios dentales a los jubilados, ni hará gratuita la educación universitaria pública, por citar algunas de las expectativas que fallará.

El presidente es un pragmático, sus bases no. Frente al todo o nada de Trump, Biden está dispuesto a quedarse con lo que pueda negociar y celebrarlo como una victoria. La ilusión que embargaba a los progresistas ante la oportunidad que da el control de las dos cámaras legislativas y la Casa Blanca al Partido Demócrata para avanzar hacia el escurridizo bienestar se ha topado con una realidad: el partido de Roosevelt, Kennedy y Obama no es, ni de lejos, el partido de izquierdas con el que sueñan muchos.

Biden sigue negociando con sus propios correligionarios para sacar adelante el plan de 3,5 billones de dólares trazado por el senador de Vermont Bernie Sanders, un independiente que estuvo a punto de ganarle la presidencia. Más de uno lamentará que no lo hiciera.

Negocia con sus propios correligionarios para aprobar un programa de 3,5 billones de dólares

Según las pistas que ha dado la Casa Blanca, el mandatario aceptará una ley mermada casi a la mitad para obtener el voto de los senadores más conservadores de su partido que, como los republicanos, dicen que la ley hipoteca el futuro del país. Según Biden, «no aumentará el déficit ni un céntimo» porque contempla nuevas fórmulas de recaudación para «pagarlo todo». Habrá un impuesto para los ricos que compense parte del nuevo gasto público, pero según la portavoz del Congreso, Nancy Pelosi, solo cubrirá el 10%. El resto se salvará con fórmulas más creativas por anunciar en las que trabaja la senadora Elizabeth Warren, otra de sus rivales electorales y una de las cinco congresistas que supervisó el rescate de la banca de 2008.

Intereses personales

Algunos de los más duros opositores de la ley, como Joe Manchin, velan por los intereses de la industria del carbón, cuyas acciones han dejado a este senador de Virginia Occidental 4,5 millones de dólares en beneficios personales. Otros sirven a las farmacéuticas, a las automovilísticas y a un sinfín de intereses acostumbrados a invertir en cabildeo.

El domingo Biden invitó a Manchin y al líder del Senador Chuck Schumer a su casa de Delaware para resolver cara a cara las diferencias. Se desconoce la cifra a la que llegaron, pero se sabe que el presidente insistió en la necesidad de cerrar la negociación antes de que viaje a la cumbre de Glasgow, porque cree que «la credibilidad de Estados Unidos está en juego».

La ley de infraestructura será, como insistió este lunes en New Jersey, la mayor inversión en la historia del país, que permitirá modernizar carreteras, puentes, raíles, plantas energéticas, flotas automovilísticas, etc. Incluirá también importantes beneficios sociales como educación preescolar gratuita y bajas laborales, pero todo muy por debajo de lo propuesto.

Facebook busca reinventarse para sobrevivir a las revelaciones

¿Tiene Facebook salvación? Así de dramática es la situación de la compañía de Mark Zuckerberg. La tromba de documentos que analiza desde el viernes un consorcio de 17 medios de comunicación, constata que la empresa priorizó sus ganancias al bien público prometido a los usuarios, en continúo goteo de dañinas historias. País por país. El terremoto incluso puede llevar a la desaparición de Facebook tal como se le conoce.

El jueves, cuando Zuckerberg se dirija a la conferencia virtual de programadores llamada Connect, se espera algún anuncio que puede ir desde nuevas normas de conducta interna hasta la reconversión de la empresa con un nuevo nombre. Pero según The Washington Post, fue él mismo el que dio la orden de silenciar a los empleados que discrepaban con sus políticas, el que levantó las medidas para censurar los discurso de odio, una vez que pasaron las elecciones estadounidenses, o el que permitió que la plataforma en India se inundara de propaganda anti musulmana.

Los Papeles de Facebook recogen el testimonio de Frances Haugen, una de sus altas ingenieras, analista y encargada de productos que testificó ante el Congreso, además de documentos internos, análisis y docenas de entrevistas con empleados que verificaron cómo la empresa ignoraba los avisos sobre el peligro social que presentaban los discursos publicados en su plataforma.