El presidente español, Pedro Sánchez, charla con el primer ministro portugués, Antonio Costa, en la asamblea de la ONU. / EFE

La ONU augura «un invierno de descontento global»

Sánchez compromete 236,5 millones de euros en tres años para luchar por la seguridad alimentaria del mundo

MERCEDES GALLEGO Nueva York

«La pandemia se ha acabado», anunció el domingo el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, pese a los rebufos de sus críticos. Prueba de ello es que los jefes de Estado de todo el mundo han vuelto a reunirse esta semana de forma presencial en la sede de la ONU en Nueva York, después de tres años, pero el fin de la tormenta viral no es presagio de ningún amanecer.

«No nos hagamos ilusiones», lo que se avecina, dijo el secretario general de la ONU, António Guterres, es «un invierno de descontento global», fruto de las secuelas económicas y sociales de la pandemia, exacerbadas por la guerra de Ucrania. «La crisis del costo de la vida está haciendo estragos. La confianza se desmorona. Las desigualdades se disparan. Nuestro planeta está ardiendo. La gente está sufriendo. Tenemos el deber de actuar y, sin embargo, estamos bloqueados en una disfunción global de proporciones colosales».

A eso hay que añadirle «el discurso de odio, la desinformación y los abusos» que se propagan desde las plataformas de las redes sociales, «basadas en un modelo de negocio que monetiza la indignación, la ira y la negatividad», sin que a su juicio haya ningún grupo de poder capaz de dominar la situación.

Es como si las siete plagas de la humanidad no hubieran hecho más que empezar, porque «si no se actúa ahora, el año siguiente puede ser todavía peor». A la crisis energética de este invierno, le seguirá la de los fertilizantes –tres veces más caros que el año pasado– y sin estos, la de los alimentos. Para este año hay suficientes, pero «si el mercado de los fertilizantes no se estabiliza, el próximo año el problema podría ser el suministro de alimentos propiamente dicho», advirtió. Cualquier chispa en esa pila de leña seca puede propiciar una hoguera de dimensiones incalculables, «por todas partes cunde la zozobra», señaló Guterres.

Condena a las invasiones

Le secundaba en esa mirada oscura el presidente chileno, Gustavo Petro Urrego, a pesar de que decía venir de «la tierra de las mariposas amarillas y la magia», evocó, que es también el país «de la belleza ensangrentada». Con su poético estreno en la ONU apuntó tanto a quienes invadieron Ucrania como a los que invadieron Irak, Libia y Siria «en nombre del petróleo y del gas». «¿Acaso no ven que la solución al gran éxodo desatado sobre sus países es volver a que el agua llene los ríos y los campos se llenen de nutrientes?». A ellos culpaba de la disfunción global que ha ensangrentado Latinoamérica. «¿Qué es más venenoso para la humanidad, la cocaína, el carbón o el petróleo?», preguntó.

Tendría otra oportunidad de abrir los ojos de sus anfitriones u ofenderles en la cumbre de Seguridad Alimentaria –celebrada en paralelo a iniciativa del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, de la que Petro y el canciller alemán, Olaf Scholz, eran coanfitriones, con el secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken– a la presidencia. Se trataba de enfrentar juntos esa tormenta perfecta que ha creado el Covid-19, el cambio climático y la guerra de Ucrania, con capacidad para dejar «crónicamente hambrientos» a 765 millones de personas en todo el planeta. «No hay paz con hambre», lapidó Sánchez, que anunció el compromiso de 236,5 millones de euros en crédito al Fondo para la Promoción del Desarrollo para los próximos tres años.

El presidente del Gobierno español también mantuvo una inesperada reunión bilateral con el mandatario turco, Recep Tayipp Erdogan, al que ofreció su apoyo en «la búsqueda de soluciones» al conflicto de Ucrania. «Putin está en guerra con toda Europa», declaró Sánchez a 'Politico', «pero eso sólo está haciendo a Europa más fuerte».