Dátiles y cantos para el papa Francisco en el centro de asistencia de Temara

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31/03/2019

Al papa Francisco le recibieron este domingo con una torre de dátiles y los cantos de algunos de los niños atendidos en un pequeño centro rural de Servicios Sociales que gestionan tres monjas españolas en Temara, una de ellas natural de Gran Canaria, en la periferia de Rabat.

El papa realizó, en la segunda jornada de su viaje a Marruecos, una visita completamente privada a este centro, que no fue televisada y a la que asistieron pocos medios.

Con ella, Francisco quiso rendir homenaje a los pocos religiosos y religiosas que viven en este país y que se ocupan de los más desfavorecidos sin importarles su religión.

Sor Gloria, la gracanaria Sor Maria Luisa y Sor Magdalena pertenecen a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, más conocidas como vicentinas, y esperaron en el patio de este pequeño centro que da de comer hasta 150 personas la llegada del papa, algo "que nunca podían haber imaginado".

El papa saludó a las tres monjas españolas con las que debido a la facilidad del idioma se le vio muy relajado y se rio en varias ocasiones y a los siete colaboradores y una voluntaria que trabajan en este centro.

Dátiles y cantos para el papa Francisco en el centro de asistencia de Temara

En la más de media hora que pasó en el lugar, quiso saludar uno a uno a todos los presentes, sobre todo mujeres con sus hijos, pero se detuvo especialmente en las decenas de pequeños a los que vistieron con sus mejores galas para recibir al papa.

Al final de la visita, un grupo de ellos cantó para Francisco y se le regaló una inmensa torre de dátiles para que la lleve al Vaticano.

Por su parte, el papa les regaló un cuadro con un bajorrelieve en mármol que representa la Sagrada Familia.

Al final de la visita, Francisco se hizo una foto con todos los niños, que ondeaban banderitas de Marruecos y el Vaticano, y los trabajadores del centro.

Dátiles y cantos para el papa Francisco en el centro de asistencia de Temara

Como explicaron a Efe antes de la llegada de Francisco, cada día, entre quince o veinte niños -también hay adultos, acuden a ser curados de quemaduras por las monjas.

Además dan clases de apoyo escolar, todas ellas en árabe, y alimentan a unos 150 niños cada día.

Las hermanas también dedican tiempo a alfabetizar a las mujeres de la zona.