Las mascarillas vuelven a verse en las calles de París ante el aumento de casos de coronavirus / afp

El coronavirus golpea de nuevo al mundo

Alemania padece ya «una ola de verano», Niza regresa a la mascarilla obligatoria en el transporte público, China impone restricciones a 114 millones de ciudadanos y los contagios suben el 24,6% en Sudamérica

MIGUEL PÉREZ

Niza regresa a la obligatoriedad de usar la mascarilla en el transporte público. Desde el próximo lunes, 11 de julio, todos los vecinos y turistas de la ciudad representativa de de la Costa Azul francesa deberar recuperar esta medida de precaución ante el Covid-19 en autobuses y tranvías, según un decreto municipal que, en opinión del alcalde, Christian Estrosi, puede acabar extendiéndose a todo el país. El Gobierno de Emmanuel Macon se limita ahora a recomendar su utilización, pero la desorbitada escalada del coronavirus en Francia, con 206.000 nuevos contagios en un solo día, parece anunciar que la llegada de una nueva ola no se detendrá únicamente con consejos.

En Francia se trata de la séptima oleada. En España se atisba la octava. En otros países se contabiliza como la quinta. Pero el caso es que una notable mayoría de naciones registra una tendencia al aumento de los contagios. En Sudamérica, la Organización Panamericana de la Salud afirma que la epidemia ha crecido un 25% y azota especialmente a Bolivía, Perú y Brasil, el tercer país del mundo en número de contagios (32,5 millones desde marzo de 2020), solo precedido por Estados Unidos (90 millones) e India (44). A fecha de 1 de julio, España ocupaba el undécimo puesto entre los territorios más castigados por el virus, con una estimación de 12,7 millones de casos.

El nuevo ministro galo de Salud, François Braun, médico especializado en urgencias, urgió el martes a que todas las personas de riesgo vuelvan a vacunarse y y pidió a los ciudadanos que utilicen la mascarilla «en los lugares abarrotados». Un día antes, el Ejecutivo había lanzado un proyecto de ley de emergencia sanitaria. Si el Parlamento lo aprueba, el país vecino impondrá nuevas normas sanitarias, menos restrictivas que las aplicadas anteriormente pero que recuperan, por ejemplo, la posibilidad de reimplantar un pasaporte sanitario de entrada al país. Sería en ese caso un Estado pionero de la Unión Europea en volver a las limitaciones en los viajes intracomunitarios.

La mera probabilidad de que eso ocurra supone un mazazo en una UE que quiere a toda costa impulsar la recuperación económica y conservar la normalidad conquistada en los últimos meses, pese a ser plenamente consciente de que la pandemía sigue ahí. A finales de junio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) conminó a todos los gobiernos europeos a vigilar estrechamente el curso de la epidemia debido al alza de los contagios, provocado especialmente por la subvariante BA.5 de ómicron. Tedros Adhanom Ghebreyesus, reelegido recientemente como máximo responsable de la OMS, informó en una rueda de prensa que los casos se han incrementado un 20% y que las muertes han aumentado en tres de las seis regiones sanitarias del planeta, por lo que aconsejó reforzar la vacunación hasta que el 70% de la población mundial esté inmunizada. En el último año y medio, la agencia ha distribuido más de 12.000 millones de dosis.

Un empleado desinfecta una calle de La Paz en Bolivia ante una manifestación de sanitarios / reuters

La Organización Panamericana de Salud (OPS) coincide en esta radiografía. En Latinoamérica precupa que once países arrojen cifras de vacunación por debajo del 40% del censo y en otros se ronden unos márgenes solo aceptables, lo que significa que 224 millones de personas todavía no han recibido la primera dosis. Esta laguna, unida a la facilidad de transmisión de las nuevas subvariantes, ha devuelto a la actualidad situaciones propias de los tiempos más tensos de la epidemia. El último boletín facilitado por el Ministerio de Salud brasileño apunta que el martes hubo 74.591 positivos en 24 horas y, lo peor, 396 fallecimientos, la cifra más elevada desde los 485 decesos que este país contabilizó el 17 de marzo. Brasil es el territorio con más muertes asociadas al covid (672.429) después de Estados Unidos, donde se supera el millón de fallecidos.

«En Sudamérica ha habido un aumento significativo en la incidencia de Covid-19, con casi medio millón de nuevos casos informados durante la última semana, lo que supone un incremento del 24,6% en comparación con la semana anterior», explica la directora de la OPS, Carissa Etienne. No obstante, los médicos consideran que la cifra real de infectados ha de ser forzosamente muy superior, ya que de los recuentos oficiales se escapan la mayoría de los test de autodiagnóstico cuya venta se ha generalizado en las farmacias.

Los expertos observan que la curva ascendente en Sudamérica se ha intensificado con la llegada del invierno austral, que pone en circulación más enfermedades respiratorias. En el caso europeo, la escalada parece tener mayor relación con la movilidad y las concentraciones propias del verano, que interaccionan con la superior contagiosidad del virus y el decaimiento de medidas de protección como la mascarilla y la distancia de seguridad. Precauciones que gobiernos como los de Brasil, Bolivía o Argentina vuelven a recomendar.

La OMS teme que esta escalada sea solo el prólogo de un potente episodio de coronavirus adelantado a su fecha natural, entre el próximo otoño e invierno. El ministro alemán de Sanidad, Karl Lauterbach, ya ha adverido que «la anunciada ola de verano lamentablemente ya es una realidad» y proporcionará «poco alivio» a los alemanes en las próximas semanas. El país contabiliza 818.000 casos activos. Ha habido 92.344 positivos y 112 decesos en un solo día. El ministerio calcula que el pico vírico llegará a mediados de julio con la subvariante BA.5 como causa del 50% de los contagios y la BA.4 en otro 16 % de infecciones.

Un vecino de Hong Kong se somete a un test del coronavirus en la calle / afp

Aparte de Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y España figuran entre los primeros once países con mayor volumen de contagios, una lista que incluye además a Rusia y que demuestra la vulnerabilidad de Europa al coronavirus y sus nuevas variantes. Omicron, de hecho, se detectó por primera vez fuera de Sudáfrica en Oslo (Noruega) el pasado diciembre al infectarse decenas de personas durante una cena de empresa. Pero a pesar de que la situación en este entorno inquieta, la crisis donde realmente alarma es en China. Más de cien millones de personas sufren restricciones o viven en confinamiento desde que este primer fin de semana de julio se detectara un repunte de casos. Su presencia va en aumento en la ciudad de Shanghái, donde han sido cerrados, bares, restaurantes y locales de karaoke y comenzado una nueva operación de cribado de la población.

Aunque este miércoles la inmensa urbe de 26 millones de habitantes solo arrojó 24 nuevos enfermos –y 300 en todo el país–, las autoridades han decidido realizar test en la mitad de sus distritos. La población salió hace cinco semanas de un confinamiento estricto de dos meses y ahora teme regresar a una situación similar, sobre todo a la vista de lo que sucede en la provincia de Anhui, donde 1,7 millones de ciudadanos de aldeas rurales están encerrados en sus casas, o de Xi'an, cuyos trece millones de vecinos viven sometidos desde el sábado a «medidas temporales de control». En total, son unos 114 millones de chinos los sujetos a cierres o limitaciones en sus desplazamientos como parte del programa 'covid cero' puesto en marcha por el Gobierno, cuyo objetivo consiste en erradicar de raíz los brotes para evitar una pandemia de grandes proporciones en la nación con más población, y también de mayor edad, del mundo.