China y EE UU están «al borde de una nueva Guerra Fría»

24/05/2020

Pekín critica la irresponsabilidad del gobierno de Donald Trump y sus intentos por convertir a China en el chivo expiatorio del coronavirus.

El coronavirus se ha convertido en la última arma arrojadiza del multifacético conflicto que protagonizan China y Estados Unidos en todos los ámbitos de la esfera económica y política internacional. Donald Trump denuncia que el gigante asiático ocultó la peligrosidad del patógeno en un inicio, e incluso sugiere que podría haber escapado de un laboratorio de Wuhan, por lo que exige responsabilidades a Pekín. Los líderes chinos, sin embargo, reiteran que el país ha sido transparente en la gestión de la epidemia.

«La Covid-19 ha cogido por sorpresa a todo el mundo, y China es una víctima más. Hemos actuado con responsabilidad y celeridad para proteger la vida y la salud de las personas. Cuando descubrimos el peligro que suponía, tomamos decisiones difíciles para cortar la cadena de contagio. Eso se ha logrado con un gran sacrificio», respondió ayer el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, durante la tradicional rueda de prensa que celebra con motivo de la Asamblea Popular Nacional, que se reúne estos días para delinear el rumbo de China en el próximo año.

Wang añadió que la segunda potencia mundial no solo ha otorgado al resto del mundo una valiosa ventaja de dos meses, sino que también lo ha provisto del material indispensable para combatir al patógeno. «China ha exportado más de 11.000 millones de mascarillas a Estados Unidos. Eso son 40 por cada ciudadano americano», señaló. «Es una pena que, mientras el coronavirus sigue activo, el virus político también se esté propagando por Estados Unidos, que aprovecha cualquier oportunidad para atacar a China con mentiras y teorías conspirativas», disparó el ministro.

Desafortunadamente, el de las dos superpotencias es un diálogo de sordos y la tensión va en aumento. Wang reconoció que ha alcanzado niveles preocupantes. «Algunas fuerzas políticas en Estados Unidos están tomando la relación con China como rehén para empujar a ambos países hacia el abismo de una nueva Guerra Fría. Esto dará al traste décadas de cooperación y pondrá la paz y la prosperidad del mundo en peligro. Debemos encontrar la forma de coexistir en paz», advirtió. No obstante, añadió que todavía no es demasiado tarde para lograr ese objetivo. La clave está en el respeto mutuo: «Tenemos sistemas sociales diferentes y debemos respetarlos».

Wang también salió en defensa del multilateralismo como arma para incrementar el entendimiento entre todos los países. «El mundo no volverá a ser el mismo después de la pandemia. La globalización debe ser más inclusiva y beneficiosa para todos, pero es una tendencia inevitable en el desarrollo del mundo, cuya economía se ha convertido en un océano hacia el que fluyen todos los ríos. Tenemos que modificarla para reducir la brecha que separa a ricos de pobres y para limar las desigualdades regionales», afirmó.

En ese nuevo mundo que surge tras el coronavirus, China considera que tanto Naciones Unidas como la agencia que Trump ha puesto en su diana, la Organización Mundial de la Salud, deben adquirir mayor importancia. «La Covid-19 ha dejado en evidencia debilidades en los sistemas de salud, la fragilidad de la cadena de valor industrial, e ineficiencias en el sistema de gobernanza global, que debe ser reformada urgentemente», declaró el mandatario, que reiteró una máxima del Partido Comunista: «China no buscará la hegemonía».

Pero tampoco se dejará avasallar por nadie. «China está dispuesta a trabajar con Estados Unidos, pero, al mismo tiempo, defenderá la soberanía y la integridad territoriales, así como su derecho a continuar desarrollándose. Es hora de que Estados Unidos ceje en su intento de cambiar a China y de detener la marcha de sus 1.400 millones de ciudadanos hacia la modernidad», subrayó Wang, que también criticó «los frívolos procesos judiciales demandando compensación de China por la pandemia» y la búsqueda del origen del coronavirus con fines políticos y desde «la presunción de culpabilidad» lanzados en Estados Unidos.

El ministro no se olvidó de las acusaciones de quienes, como su homólogo en la Unión Europea, Josep Borrell, consideran que la ayuda que ha proporcionado Pekín no es desinteresada y busca cimentar su influencia en el mundo. «Tenemos la conciencia tranquila. Nada de lo que hacemos responde a un cálculo geopolítico, a la búsqueda de beneficio económico, o para obtener rédito político», dijo Wang, que se mostró también muy confiado en el futuro de China. «Nuestra economía saldrá reforzada, el pueblo estará más unido y confiará más en el socialismo con características chinas, y la nación seguirá imparable en su marcha hacia el rejuvenecimiento», sentenció.