El presidente de EE UU, Joe Biden, en la comparecencia del pasado lunes. / Reuters

Biden se rodeó de sus leales para sentenciar Afganistán

Los vuelos de evacuación se han reanudado pero los talibanes impiden la llegada de afganos

MERCEDES GALLEGO

El presidente en la soledad de su laberinto. Joe Biden salió de las montañas de Maryland para enfrentarse al histórico discurso del colapso de Afganistán en el solemne escenario de la Casa Blanca, pero tan pronto como concluyó esos 20 minutos frente a las cámaras se montó de nuevo en el helicóptero y volvió a la residencia vacacional de Camp David. Detrás quedó su equipo para defender la «difícil decisión» que había tomado.

El apoyo de la opinión pública se desmorona a velocidad talibana frente a las imágenes de esos C-17 derramando afganos por los cuatro costados. Hace cuatro meses, cuando anunció que todas las tropas saldrían antes de este 11-S, casi el 70% de los estadounidenses apoyaba la salida, según una encuesta de Politico. Durante el pasado fin de semana ese porcentaje se desplomó hasta el 49%, antes incluso de que se pudiera medir el impacto de las imágenes tipo Saigón que, dijo, nunca veríamos «bajo ninguna circunstancia». Entonces había «cero posibilidades» de que se repitiera la escena de 1975, insistió el 8 de julio. «Los talibanes no son el ejército norvietnamita. No son ni remotamente comparables en cuestión de capacidad».

Las imágenes se sucedieron con escalofriante similitud y ya nadie las puede olvidar. Están grabadas en el imaginario colectivo y en la reputación de quienes participaron en esa toma de decisión. «Todos tenemos el corazón destrozado», aseguró este mares Jake Sullivan, su consejero de Seguridad Nacional. Biden se había rodeado de unas cuantas mentes afines para solidificar la decisión más definitoria de su presidencia, que en realidad tomó hace casi doce años. Sullivan era entonces jefe adjunto de su gabinete como vicepresidente, mientras que el actual secretario de Estado Anthony Blinken era su consejero de Seguridad Nacional y le acompañaba desde sus tiempos en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, donde defendió la invasión de Irak.

Al final, había una sola mente pensante en la sala. «Soy el presidente y la responsabilidad acaba conmigo», dijo el lunes en su discurso. En privado, lo poco que se ha filtrado desde Camp David le retrata ofuscado con sus asesores y consigo mismo por el poder que tendrán sus palabras para perseguirle hasta el resto de los días. «Ojalá no hubiera culpado a los afganos, porque hay mucha culpa que repartir», lamentó ante MSNBC Leon Panetta, que durante el mandato de Obama se enfrentó a él como jefe de la inteligencia y del Pentágono, los dos departamentos del Gobierno que estos meses han protagonizado el tira y afloja con el Departamento de Estado.

Desde el 13 de abril hasta el pasado fin de semana, el Consejo de Seguridad Nacional mantuvo 36 reuniones sobre Afganistán, en las cuales se discutieron los posibles horizontes, la estrategia antiterrorista, la seguridad de la embajada y los visados especiales para los 300.000 afganos que han trabajado con Estados Unidos durante estos 20 años. Según una fuente de CNN, al menos ocho de esas reuniones estuvieron enfocadas exclusivamente en planificar el escenario humanitario. Altos cargos de ese equipo de seguridad nacional se han estado reuniendo diariamente por teleconferencia con Afganistán para planificar la evacuación, pero «hasta los mejores planes de evacuación fallan cuando una guerra civil acaba con una fuerza opositora que marcha hacia la capital», aceptó Sullivan.

Seguridad y rapidez

Mientras los civiles se aferraron a los números, convencidos de que 300.000 soldados afganos con un billón de dólares en armas y entrenamiento era suficiente para mantener en jaque a 75.000 talibanes, los militares planificaban el colapso. Para su frustración, el Departamento de Estado no agilizará ni la emisión de visados, ni el desalojo de la embajada. «Ahora estamos enfocados con precisión láser en sacar a la gente con seguridad y rapidez», aseguró el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price.

Este martes, los 6.000 soldados que EE UU ha enviado a Afganistán -más del doble de los que retiró a principios de julio- habían recuperado el control del aeropuerto, pero no de los cinco kilóemtros de carretera que lo conecta con la embajada de Estados Unidos en Kabul, ya abandonada. Según 'The Wall Street Journal', los controles talibanes en la carretera impiden la llegada de quienes intentan subirse a los vuelos de la libertad, hasta el punto de que este martes partió del aeropuerto Hamir Karzai un Airbus 400M alemán con siete personas, pese tener capacidad para cien. Los C-17 estadounidenses que se han fotografiados como gallineros, repletos con 650 pasajeros hacinados donde solo caben 300, salen ya magros. Y aunque Washington dice poder sacar a 4.000 personas diarias, la promesa talibán de que permitir la salida de todo el que quiera hasta el 31 de agosto no se materializa.

¿Qué pasará después de esa fecha con todos los que no hayan logrado escapar? «No vamos a especular», se escabulló el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca. «Las puertas del aeropuerto están abiertas y hay gente que entra y sale». El clamor para que Washington aligere la burocracia y cumpla con su deber moral de acoger a todos los que ha puesto en peligro era ayer bipartidista e incluía voces que solo se pronuncian en casos extremos, como las de George y Laura Bush, que han estado siguiendo los acontecimientos «con profunda tristeza», dijeron en un comunicado.

Cantidad de armas

El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, ha reconocido este martes que «una buena cantidad» de armas que habían sido destinadas paras las fuerzas de seguridad afganas «han caído en manos de los talibán».

«No tenemos una imagen completa de dónde ha ido a parar cada artículo de material de defensa, pero en verdad, una buena cantidad ha caído en manos de los talibán. Obviamente, no tenemos la sensación de que nos lo vayan a entregar», ha dicho Sullivan este martes en rueda de prensa.

El asesor de Seguridad Nacional ha trasladado que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tiene previsto habar nuevamente sobre Afganistán «en los próximos días», después de que lo hiciera por primera desde vez este lunes, desde que los talibán se hicieran con el control de la capital afgana.