Olaf Scholz, aislado por el coronavirus, acompaña por videoconferencia al ministro de Economía, Robert Habeck, y el de Finanzas, Christian Lindner / reuters

Berlín despliega un paraguas energético y fija un precio máximo para el gas

Un fondo público de hasta 200.000 millones de euros cubrirá el sobrecoste para proteger a los ciudadanos y la industria del alza de la factura energética

JUAN CARLOS BARRENA Berlín

El tripartito alemán de socialdemócratas, verdes y liberales ha anunciado hoy la creación de un paraguas energético para proteger a la industria y el consumidor del alza desproporcionada del precio del gas con el establecimiento de un precio máximo para esa fuente de energía y el compromiso del Estado de asumir los sobrecostes. Una medida para la que el Ejecutivo de Berlín pondrá a disposición hasta 200.000 millones de euros que serán financiados por el Fondo de Estabilización Económica (WSF), creado durante la pandemia de coronavirus para apoyar a las empresas y que expiró este verano, aunque será reanimado y dotado de capital fresco.

La medida fue anunciada en una rueda de prensa conjunta por el canciller federal, el socialdemócrata Olaf Scholz, el ministro federal de Economía, el verde Robert Habeck, y el titular germano de Finanzas, el liberal Christian Lindner, tras varias jornadas de arduas negociaciones hasta alcanzar un consenso entre las tres formaciones. El acuerdo entierra la prevista tasa suplementaria que debían abonar empresas y consumidores para evitar la quiebra de importadores y distribuidores de gas alemanes y que iba a entrar en vigor este 1 de octubre. «Ya no hace falta», afirmó Scholz ante los medios. «Los precios deben bajar, estamos convencidos de ello. Y para que bajen vamos a desplegar un gran paraguas protector», señaló el jefe del Ejecutivo germano, quien comentó que el objetivo de la medida es que tanto empresas como consumidores privados puedan permitirse abonar su factura del gas.

«Nos encontramos aún en una situación crítica», advirtió por su parte Habeck con la vista puesta en la seguridad del suministro nacional, tras subrayar que el paraguas protegerá a Alemania de crisis aún mayores que la actual. El también vicecanciller federal hizo de paso un nuevo llamamiento a la población para ahorrar en lo posible en el consumo energético. No menos dramático se mostró Lidner al afirmar que «nos encontramos en una guerra energética por el bienestar y la libertad» y que existe el peligro de que resulte destruido aquello que mucha gente ha tardado décadas en levantar. «No pensamos aceptarlo y vamos a defendernos», aseguró el titular de Finanzas, para el que el nuevo programa del Gobierno federal «es una respuesta clara como el agua a Putin», en referencia al presidente ruso.

Un tope de tarifas

La llamada Comisión para el Precio del Gas será la encargada de fijar las tarifas máximas para ese bien energético, explicó Habeck, quien no quiso especular sobre cifras concretas. Los tres políticos subrayaron que sobre todo pequeñas y medianas empresas, así como los consumidores privados podrán respirar tranquilos y hacer uso del gas sin temor a las facturas. Los fondos del WSF serán utilizados para compensar a los importadores o suministradores finales de gas, de manera que no se vean obligados a trasladar las subidas de ese combustible a los usuarios. Durante la pandemia de coronavirus el WSF acudió al rescate de numerosas PYMES, pero también de grandes consorcios como la compañía aérea Lufthansa.

Los principales institutos económicos de Alemania han advertido, sin embargo, de que el paraguas energético puede dar más alas aún a la ya alarmante inflación. Debido a su alto nivel de importación, una bajada forzosa del precio del gas necesita de «subvenciones masivas, que a su vez bombean nueva capacidad adquisitiva al sector privado», lo que desata una nueva subida de precios en toda la economía, explicó Stefab Kooths, del Instituto de Estudios Económicos Mundiales de Kiel durante la presentación del informe de otoño sobre la coyuntura de Alemania. «Y eso es desestabilizador, pero sobre todo y también muy problemático para los grupos de población con menor poder adquisitivo, para los que puede convertirse en un arma de doble filo», señaló el experto.