Un equipo médico interviene a un soldado ucraniano herido en Bajmut / efe

Bajmut, la «picadora de carne» convertida en objetivo «político» de Putin

Moscú pretende cercar esta ciudad azotada por brutales combates mientras Kiev iza una bandera en la orilla izquierda del Dnieper

M. PÉREZ

La conquista de Bajmut, un nudo estratégico de comunicaciones que se le ha resistido desde el inicio de la guerra, se ha convertido en la meta inmediata del Ejército ruso. Así parece deducirse de los movimientos de tropas que ayer trataban de rodear por el norte y el sur esta ciudad de la región de Donetsk, y que a ojos de algunos estrategas occidentales resultan casi desproporcionados por el volumen de recursos utilizados y la dureza de los combates. «Hay una posibilidad realista de que la captura de Bajmut se haya convertido principalmente en un objetivo simbólico y político para Rusia», sugirió ayer el Ministerio de Defensa británico en base a los informes de los analistas.

Según éstos, «las fuerzas rusas continúan invirtiendo una gran parte de su esfuerzo militar general y potencia de fuego a lo largo de un sector de aproximadamente quince kilómetros de longitud en el frente atrincherado» de la ciudad. En contraposición a los comentarios de Kiev sobre lo «insignificante» de la plaza en el tablero general del Donbás, Moscú ofrece el relato opuesto. Considera que la toma de Bajmut no solo fortalece su posición en la región, sino que amenazaría Kramatorsk y Sloviansk, dos bastiones del Ejército local a los que se llega por una red de carreteras que estaría bajo control ruso.

La situación en Bajmut es «desesperada», según las manifestaciones de los militares y los equipos de rescate. El constante duelo de artillería al que se someten las tropas de los dos bandos y los ataques frontales con los que los invasores calibran la resistencia de las fortificaciones defensivas han derivado en una «matanza» que incluso se dirime cuerpo a cuerpo. Las trincheras se han vuelto apenas practicables por el barro. Algunos medios calculan que todos los días se producen no menos de 250 bajas por la crudeza de los combates. Y los ucranianos, que llevan nueve meses defendiendo la posición, opinan que lo que quieren hacer en realidad las fuerzas invasoras, nutridas por numerosos mercenarios de la compañía Wagner, es aplastar por completo su infraestructura.

El propio presidente, Volodímir Zelenski, reconoció ayer tras una reunión con sus oficiales que el escenario en esta parte crítica de Donetsk es «el más doloroso» y uno de los más dramáticos desde el inicio de la guerra. «Estamos haciendo todo lo posible para ayudar a nuestros muchachos. Nuestros héroes, que sostienen la defensa allí, merecen el mayor agradecimiento», exclamó en su discurso nocturno habitual.

«Será expulsado»

La violencia es de tal envergadura que en los círculos de Wagner se ufanan de que Bajmut sea conocida como la «picadora de carne». El Estado Mayor, según revelan informaciones periodísticas, ve muy factible «la captura de Slovyansk y Kramatorsk», aunque «primero tendremos que tomar» Bajmut y sus alrededores. «El enemigo  (ucraniano)  se verá obligado a retirarse de los campos y las plantaciones forestales cubiertas de maleza a las zonas urbanas» donde quedaría más expuesto. «O eso o será expulsado», enfatizaron fuentes militares tras anunciar la captura de una nueva población cercana: Kurdyumovka. «Desde allí incluso se pueden ver las afueras de Kramatorsk; esto es un poco más de 30 kilómetros en línea recta».

Los expertos creen que el empeño del Kremlin en este enclave obedece a la necesidad de su presidente, Vladímir Putin, de ofrecer a los rusos (y a la comunidad internacional) una victoria que pueda hacer pasar como significativa del poder de su Ejército y de que la invasión no va tan mal como indican las contraofensivas recientes.

Sin embargo, este triunfo no escondería los apuros que las fuerzas rusas pasan en Jersón para mantener sus posiciones al borde del Dniéper o las feroces refriegas en Zaporiyia, donde las autoridades prorrusas empiezan a planificar una evacuación parcial de civiles y los rusos construyen nuevas defensas fortificadas en una lucha constante contra las lluevias y el fango. Los ucranianos consiguieron ayer atravesar el río, lo que parecía impensable hace tres semanas, y colocaron una bandera nacional en lo alto de una grúa en la margen izquierda del Dniéper, de dominio ruso.