Los viajeros suben al avión que partía de Kabul rumbo a Pakistán este lunes. / AFP

Los talibanes rompen su aislamiento aéreo

El Emirato clama victoria al retomar la actividad comercial en el aeropuerto de Kabul dos semanas después de la retirada de Estados Unidos

MIKEL AYESTARAN Kabul (enviado especial)

El aeropuerto internacional de Kabul recibió este lunes el primer vuelo comercial internacional de la historia del Emirato. Un avión de Pakistan International Airlines (PIA) aterrizó pasadas las diez de la mañana en la terminal de la capital afgana y los talibanes volvieron a clamar victoria, esta vez por ser capaces de reactivar el tráfico solo trece días después de la caótica retirada de Estados Unidos.

En el interior del vuelo procedente de Islamabad apenas viajaron diez personas, «personal diplomático», según fuentes aeroportuarias consultadas. Cuando el aparato despegó pocas horas después fueron sesenta los pasajeros que llevó hasta la capital paquistaní, la mayoría afganos, familiares de personal de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, según recogió la agencia AFP. Se trató de un vuelo simbólico ya que de momento no hay billetes a la venta, ni se han establecido horario y frecuencia para el trayecto.

Desde la llegada del Emirato, el aeropuerto ha dejado de llamarse Hamid Karzai y los talibanes han retirado el corazón rojo del cartel de 'I love Kabul' que daba la bienvenida a los viajeros. Nada recuerda en los accesos las dramáticas escenas de una evacuación que logró sacar a 120.000 personas en apenas dos semanas, pero que dejó a miles y miles en tierra. Los islamistas han pedido a los funcionarios del antiguo Gobierno, mujeres incluidas, que retomen el trabajo. En los puestos de control vuelve a haber uniformados de las antiguas fuerzas de seguridad, pero están desarmados y siempre consultan con un talibán antes de permitir el acceso de una persona o vehículo. Los radicales sí están fuertemente armados.

La única responsabilidad que mantienen los antiguos miembros de la seguridad y que delegan los talibanes es la de usar los perros que detectan explosivos que dejó abandonados Estados Unidos. «Este se llama Bo y es muy bueno. Siempre espera que le acaricies», comenta un joven exmilitar mientras da muestras de cariño a un pastor alemán de gran envergadura al que los islmistas miran con una mezcla de asco e indiferencia.

Una vez superados todos los controles, dentro de la terminal se repite la duplicidad. Los antiguos funcionarios se apelotonan a las puertas de las oficinas en las que los mulás designados por el Emirato toman decisiones. El nuevo director del aeropuerto es el mulá Abdul Hadi Hamdan y su despacho es una gran sala con vistas a la pista principal en la que quince personas esperan sentadas en sillones a ser atendidas por el religioso. El mulá se sienta en un sillón de cuero, frente a una mesa en la que hay un teclado, pero no se ve ordenador por ninguna parte. «Es un gran día para el Emirato. La ayuda de Qatar ha sido importante para reactivar el aeropuerto, como también lo ha sido la de Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Uzbekistán. Ahora que ya tenemos conexión con Islamabad esperamos recibir también aviones de estos y más países», comenta este religioso, tocado con un turbante de color marrón y que esconde sus ojos tras unas gafas oscuras.

Los daños de los americanos

Entre pregunta y pregunta, sigue llegando gente al salón, pero el mulá permanece atento a la entrevista y quiere denunciar que «Estados Unidos causó graves destrozos en algunos sistemas antes de salir. Tuvimos que desplegar a seiscientos combatientes en cuanto despegó su último aparato para asegurar la zona, evitar saqueos y ponernos a trabajar lo antes posible. Trece días después hemos logrado que aterrice un vuelo de PIA». La entrevista se corta de forma abrupta cuando Abdul Hadi Hamdan escucha la traducción de la pregunta sobre si tiene alguna experiencia previa gestionando aeropuertos. Se levanta y se va.

Además de la llegada y salida de personas, el aeropuerto es clave para la llegada de una ayuda humanitaria cada día más necesaria. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo advirtió que el porcentaje de personas viviendo bajo el umbral de la pobreza podía subir del 72 al 97% a mediados del próximo año si no se reacciona con rapidez.

Los talibanes no son ajenos a la crisis que padece Afganistán y el portavoz principal, Zabihulá Muyahid, solicitó ayuda. «El mundo debería cooperar. Se ha mantenido la seguridad en el país y la gente está en problemas económicos. La comida y las medicinas son escasas», reclamó Muyahid en unas declaraciones efectuadas a la agencia DPA. Los islamistas han dado la bienvenida a la conferencia de donantes organizada por la ONU, que solicita 600 millones de dólares (unos 509 millones de euros) para responder a la emergencia. Pero existe una gran desconfianza hacia los islamistas y los donantes no creen sus promesas de «transparencia».

Cierre de medios de comunicación

Al menos 153 medios de comunicación han cerrado en Afganistán desde la toma del poder por parte de los talibán, el pasado 15 de agosto, según el recuento de sindicatos de periodistas. Medios escritos, radios y televisiones de una veintena de provincias desaparecieron debido a problemas económicos y a las restricciones impuestas, según recoge la cadena de televisión local Tolo News. Se estima que habrá más cierres en un futuro cercano. «Si las organizaciones que apoyan a los medios de comunicación no prestan atención pronto veremos la clausura de los que aún quedan en el país», explicó ayer el subsecretario general de la Federación de Periodistas de Afganistán, Huyatulá Muyadadi. «Hay preocupación ante la continuidad de esta tendencia. Instamos a las organizaciones internacionales a tomar medidas», apuntó.