Las protestas recorrieron numerosas calles de Teherán durante esta semana. / reuters

El régimen de Irán se prepara para silenciar las protestas

El presidente Raisi dice que no tolerará más «caos» y el Ejército acusa a «enemigos» extranjeros de alentar las manifestaciones

MIKEL AYESTARAN CORRESPONSAL. ESTAMBUL

El régimen iraní da un paso adelante para acallar las protestas en las que miles de personas piden el final del uso obligatorio del hiyab y muestran su enfado por la muerte de una joven kurda a manos de la Policía de la moral. La fórmula ya es conocida y pasa por movilizar a sus seguidores, tratar a las protestas como una conspiración orquestada desde el exterior para acabar, silenciar internet y aplicar la máxima represión. Las autoridades convocaron a los suyos tras la oración del viernes para marchar por las principales ciudades del país en señal de apoyo al uso del velo para las mujeres y en contra de las movilizaciones «alentadas por extranjeros».

Ebrahim Raisi necesitó una semana para responder a las movilizaciones más graves que sufre Irán en los tres últimos años y que dejan decenas de muertos y cientos de heridos y detenidos. El presidente envió un mensaje directo a los manifestantes para decirles que «el caos es inaceptable» en la república islámica. El presidente lamentó el «doble rasero» que se aplica con su país ya que «cada día, en diferentes países, incluido Estados Unidos, vemos como hombres y mujeres mueren en las comisarías, pero no hay apenas reacciones en los medios con este tipo de violencia».

Estas palabras vinieron acompañadas de un comunicado del Ejército que se muestra «dispuesto a enfrentarse a los enemigos» y que tacha las revueltas de «acciones desesperadas de la estrategia diabólica del enemigo para debilitar al régimen islámico», lo que significa que echan la culpa de la escalada de tensión a Israel y Estados Unidos. Una de las estrategias habituales del régimen de los ayatolás es atribuir todos los males a la injerencia extranjera, que existe y es intensa, evitando hacer cualquier ejercicio de autocrítica.

Desde Washington, el presidente Joe Biden se solidarizó con los manifestantes y su Administración emitió una licencia para relajar las sanciones a los servicios de Internet en Irán con el objetivo de «apoyar el libre flujo de información». Este anuncio público serviió también para dar argumentos al régimen a la hora de ver la mano extranjera en las movilizaciones.

Sin líderes

Desde hace una semana las protestas se han extendido desde el Kurdistán de Irán a cincuenta ciudades del país. Mahsa Amimi tenía 22 años y era kurda, viajó a Teherán a visitar a unos familiares y perdió la vida a manos de la Policía de la moral, que le detuvo por no llevar el velo de manera correcta. Los agentes aseguran que sufrió un infarto, pero la familia denuncia que el cuerpo presentaba marcas de malos tratos.

Hace tres años los iraníes se echaron a la calle de forma masiva para protestar por la subida de los precios y el régimen respondió con dureza. Ahora lo hacen para pedir el final de una de las normas en vigor desde la creación de la república islámica como es el uso del hiyab y vuelven a encontrarse con la misma reacción. En 2019, el enfado fue sofocado por las fuerzas de seguridad y el cansancio y el miedo pudieron con unos manifestantes sin un liderazgo capaz de hacer frente al sistema de los ayatolás. En esta ocasión ocurre algo parecido y, desde Teherán, la periodista Fereshteh Sadeghi recuerda que «la república islámica sigue aquí, una protesta sin liderazgo es incapaz de derrocar al sistema».