Momento del rescate de Rahul. / AFP

Rahul regresa de los infiernos

Rescatan con vida al niño de diez años que se cayó a un pozo en India y ha permanecido 104 horas atrapado a 24 metros de profundidad

M. P.

Rahul Sahu, el niño de 10 años atrapado desde el viernes pasado en un pozo a 24 metros de profundidad en India, ha sido finalmente rescatado en la noche del martes (madrugada de este miércoles en España) después de cien horas de denodados esfuerzos por llegar hasta él. El país al completo suspiró cuando una camilla portada por los rescatistas sacó a la superficie al pequeño, consciente aunque con evidentes signos de debilidad y cansancio. Los ciudadanos celebraron el final feliz de una operación de salvamento considerada «titánica» por las autoridades indias, ya que los equipos de rescate han debido remover miles de toneladas de tierra y roca en condiciones penosas hasta conseguir horadar una galería que conectase con el pozo. El pequeño se encuentra ingresado en un hospital de Raipur, donde recibe «cuidados especiales», según informa un portavoz del Gobierno del Estado de Chhattisgarh.

Los medios destacaran el coraje de Rahul, el joven sordomudo que ha pasado más de cuatro días sin poder moverse dentro de un agujero húmedo y oscuro «sin perder los nervios». El viernes pasado se precipitó accidentalmente al interior del pozo, horadado cerca de su casa en la aldea de Pihird, al este de India. Se trata de la típica poza artesanal abierta para las labores agrícolas, muchas de las cuales quedan luego al descubierto y son la causa de decenas de accidentes todos los años.

Al parecer, el niño jugaba en el jardín cuando cayó por el hueco. Al parecer, su cuerpo rozó con las paredes durante el descenso, lo que ralentizó su velocidad y ayudó a que no sufriera lesiones de gravedad. Rahul quedó encajado en la oquedad, sin posibilidad de moverse y mucho menos de ascender por unas paredes escurridizas por el barro y la humedad. La imagen captada posteriormente con una pequeña cámara, que mostraba al menor atascado y con los brazos por encima de la cabeza, sobrecogió al país, que comenzó a contar las horas del rescate en una auténtica carrera a vida o muerte contra el reloj.

LA CLAVE:

  • Excavación. El mal tiempo y las serpientes escondidas en la tierra removida dificultaron la operación

«Ha sido una operación de enormes proporciones que duró 104 horas», explica el portavoz gubernamental en un mensaje colgado en las redes sociales. Unos 150 militares y civiles tardaron ese tiempo en abrir una galería hasta el lugar donde permanecía Rahul. Aunque los trabajos comenzaron a buen ritmo, la excavación se complicó cuando los rescatistas se toparon con un lecho de piedra «muy dura», según informó la Fuerza Nacional de Respuesta a Desastres (NDRF).

Las dificultades hicieron temer en algún momento que Rahul perdiera las fuerzas antes del final del rescate. Aparte de perforar la roca, los socorristas han tenido que hacer frente al mal tiempo –las lluvias convirtieron las obras en un auténtico lodazal– y el peligro representado por cientos de serpientes venenosas y escorpiones aparecidos con los movimientos de tierra. Incluso una serpiente cayó dentro del pozo donde estaba el menor.

Rahul se las arregló para hacer comprender a los médicos, a través de una cámara descolgada desde el exterior, que se encontraba bien, aunque débil, y tenía hambre. Los rescatistas pudieron hacerle llegar algo de fruta. Su familia no se separó de él en ningún instante, turnándose para hablarle con la ayuda de un micrófono.

Miles de personas han permanecido pegadas a los televisores, cuyas retransmisiones mostraban a operarios de rostros circunspectos y grandes máquinas taladradoras trabajando a destajo. Después de noventa horas, los médicos eran conscientes de que el joven pasaba ya por momentos muy débiles, pese a que los equipos consiguieron colocar una manguera de aire que le permitía respirar aire fresco. Catorce horas más tarde, al anochecer, las autoridades anunciaron el éxito del rescate y compartieron imágenes de Rahul en una camilla saliendo al exterior y, después, tumbado en una cama de hospital, rodeado de médicos con gesto sonriente.