Kim Jong Un. / R. C.

Pyonyang comunica su primer caso de covid dos años después del inicio de la pandemia

La variante ómicron ha logrado penetrar las herméticas fronteras del país más aislado del mundo, cuyo Gobierno se ha negado siempre a vacunar a la población

ANJE RIBERA

El verbo admitir es muy difícil de conjugar en Corea del Norte, un país en el que su líder supremo Kim Jong-un está libre de cometer errores. Jamás ha aceptado haberse equivocado. Todas sus decisiones y actuaciones son presididas por el éxito. Entre los numerosos milagros que se atribuye el dictador estaba el de haber conjurado el peligro del coronavirus, que no había conseguido penetrar la férreas fronteras del país asiático que se asienta en la zona septentrional del paralelo 38.

Pero este jueves ocurrió algo extraño en Pyonyang. Kim reconoció que el sistema sanitario norcoreano se ha visto penetrado por el Covid-19. Escasos casos, los primeros desde que comenzó la pandemia, obligaron a declarar un estado de «emergencia más grave» y un confinamiento nacional, que, por otra parte, tampoco supondrá mucha variación en un país hermético que cierras sus puertas tanto a los extranjeros que quieren visitarlo como a los nacionales que pretenden abandonarlo.

Kim Jong-un convocó a una reunión de emergencia del Partido de los Trabajadores -la única fuerza política- y ordenó la búsqueda de respuestas y responsables. El terror a castigos produjo más miedo que la propia enfermedad. «Bloqueen por completo la propagación del virus malicioso, cerrando completamente sus áreas en todas las ciudades y condados del país», destacan los reportes sobre las declaraciones del todopoderoso presidente. Efecto inmediato de sus palabras fue la movilización de suministros médicos de emergencia y controles fronterizos más estrictos.

La televisión estatal ofreció imágenes del dictador con una mascarilla durante una reunión del partido único

La prevención hasta ahora había sido alta, aseguran desde el Gobierno, que lleva varios meses ejecutando una campaña de limpieza de los espacios públicos mediante un rociado intenso de sustancias desinfectantes. Por ello, los expertos del Corea del Sur, el enemigo histórico desde la guerra que dirimieron entre 1950 y 1953, creen que el virus estaba presente en el Norte desde hace tiempo.

Aunque no se han proporcionado detalles del número de contagios, sí se pudo conocer que estarían relacionados con la variante BA.2, también conocida como ómicron, altamente transmisible según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El brote se habría detectado en los resultados de un número no especificado de pruebas realizadas a personas que presentaron fiebre en la capital el pasado domingo. «Se ha registrado el incidente de emergencia más grande del país, con un agujero en nuestro frente de cuarentena de emergencia, que se ha mantenido seguro durante los últimos dos años y tres meses, desde febrero de 2020», anunció la agencia oficial de noticias KCNA. «El trabajo estatal de prevención de epidemias se cambiará al sistema máximo de prevención de epidemias de emergencia», agregó.

Débil sistema sanitario

Aunque el régimen asegura que la situación está controlada, expertos foráneos y organizaciones sanitarias como la OMS muestran ya su preocupación por la capacidad del sistema de salud norcoreano para hacer frente a la crisis. El Ejecutivo de Pyonyang había rechazado hasta ahora todo tipo de programa para vacunar a la población -25 millones de personas- pese al ofrecimiento de la comunidad internacional para suministrar millones de inyecciones de AstraZeneca y Sinovac, la inmunización de fabricación china.

La estrategia norcoreana de cerrar sus fronteras desde comienzos de 2020 también ha impedido que lleguen suministros esenciales, lo que ha provocado escasez de alimentos y una economía en crisis.

La televisión norcoreana mostró este jueves a Kim usando una mascarilla por primera vez, aunque se la retiró al comenzar la reunión para analizar la crisis sanitaria. El resto de los presentes mantuvo el uso del tapabocas durante todo el encuentro.