Policía japonesa / EFE

Condenado a muerte uno de los jefes de la «yakuza» japonesa

Satoru Nomura, «padrino» del violento clan Kudo-kai, ha sido sentenciado junto a su lugarteniente por ordenar un asesinato y otros tres intentos entre 1998 y 2014

PABLO M. DÍEZ

Al igual que la mafia en Italia y Estados Unidos y las triadas en China y Hong Kong, la sombra de la «yakuza» planea sobre la vida económica y social de Japón. Pero, al contrario que las otras dos, no copa tantos titulares salvo sonadas excepciones como la de Satoru Nomura y su banda Kudo-kai, radicada al suroeste del país en la prefectura de Fukuoka. Por su salvaje violencia, Nomura, de 74 años, ha sido condenado este martes a pena de muerte junto a su lugarteniente, Fumio Tanoue, de 65 y sentenciado a cadena perpetua.

Tras un largo juicio que empezó en octubre de 2019, y en cuyas 62 vistas orales han declarado casi un centenar de mafiosos y policías, ambos han sido condenados por cuatro crímenes cometidos entre febrero de 1998 y mayo de 2014. El primero fue la muerte a tiros del líder de una cooperativa pesquera de Kita-Kyushu, importante puerto cercano a la ciudad de Fukuoka, sobre la que había puesto sus ojos el clan de Nomura. Casi dos décadas después, en 2014, un pariente de la víctima, que era dentista, fue apuñalado para amedrentar a la familia.

Entre medias hubo otros dos intentos de asesinato que el fallo judicial también atribuye a la banda de Kudo-kai. En abril de 2012, un antiguo agente de Policía de Fukuoka fue tiroteado y sufrió heridas en las piernas y, en enero de 2013, apuñalaron a la enfermera de una clínica donde había sido tratado el «padrino» Nomura. Mientras la Fiscalía sostiene que el primer ataque fue una represalia por la investigación contra el clan Kudo-kai abierta por la Policía de Fukuoka, el segundo se trató de una venganza personal del gánster por el trato recibido en la clínica. Al parecer, ni siquiera se molestó en ordenar a sus hombres que «pareciera un accidente».

Y ahí está la base de la sentencia. Aunque los autores materiales de estos ataques habían sido ya condenados, la justicia ha castigado ahora a Nomura y su lugarteniente por ordenarlos, ya que ambos dirigían la cadena de mando de la banda Kudo-kai. Esta estructura de la «yakuza», reconocida en todos los juicios menos en el del asesinato del líder de la cooperativa pesquera, es la que ha servido para encausar y condenar a Nomura y Tanoue, contra quienes no había pruebas directas.

Clamando por su inocencia, ambos han protestado contra el fallo del Tribunal del Distrito de Fukuoka. «Pedía un juicio justo, pero no lo ha sido. Lamentará esto el resto de su vida», advirtió el «padrino» Nomura al juez Ben Adachi tras leer la sentencia, según informa el periódico «Asahi». «¡No he estado implicado ni en lo más mínimo!», gritó Tanoue. Junto a sus respectivas condenadas, ambos tendrán que pagar una multa de 20 millones de yenes (155.221 euros).

Además de por la circunstancialidad de las pruebas, el caso ha suscitado una fuerte polémica por ser una de las pocas penas de muerte contra un jefe de la «yakuza». En esta ocasión, el tribunal ha justificado que la condena sea la más dura posible porque las víctimas de los ataques ni siquiera eran mafiosas de bandas rivales, sino gente corriente. «Estos incidentes no tienen precedentes en la atroz naturaleza de los crímenes perpetrados por las bandas organizadas», argumentó la Fiscalía, que alertó de que «ciudadanos ordinarios se habían convertido en el objetivo de los ataques, lo que supone una amenaza directa a la sociedad».

Con esta pena de muerte, la justicia nipona da un escarmiento a la «yakuza», que suele moverse en la sombra para controlar sus negocios sobre las drogas, el juego y la prostitución, pero también en la construcción y los puertos. En 2008, otro jefe mafioso fue condenado a muerte por asesinar al alcalde de Nagasaki, un caso que también enfureció a la opinión pública. Desde septiembre de 2014, la Policía de Fukuoka intenta desmantelar el violento clan Kudo-kai, que llegó a tener más de 1.200 miembros en 2008 y contaba con unos 430 a finales del año pasado.

Con esta sentencia, el «don» Satoru Nomura se suma al centenar de presos que esperan en el «corredor de la muerte» en Japón, uno de los pocos países avanzados que sigue manteniendo la pena capital pero donde está ampliamente aceptada por la sociedad. Además, se sigue aplicando con el método medieval de la horca pese a ser el país del «high-tech». Con unas 2.500 familias repartidas por todo el archipiélago nipón, la «yakuza» divide sus orígenes entre la tradición de los descendientes de los últimos samuráis del siglo XVII y los delincuentes surgidos al amparo del «milagro económico» tras la II Guerra Mundial. Conocidos también como los «8-9-3», en honor de las cartas inútiles del Black Jack, los tatuados mafiosos de la «yakuza» combinan su estricto código de honor con su despiadado carácter sanguinario.