Vehículos. Además de tanques, las empresas chinas fabrican helicópteros y cazas.

China, el gran bazar de las armas

El país firma el tratado comercial que le revalida como una de las mayores potencias armamentísticas del mundo y se convierte en el contrapeso del poder occidental

ZIGOR ALDAMA Corresponsal. Shangái

Una de las principales razones por las que los estadounidenses David Packouz y Efraim Diveroli acabaron en la cárcel hace una década está relacionada con el armamento producido en China. Los dos jóvenes que protagonizaron uno de los mayores escándalos en las licitaciones del Departamento de Estado, relatado con ironía en la película 'Juego de armas', adquirieron munición china en Albania y la reempaquetaron para esconder su origen y poder así vendérsela al Ejército afgano saltándose el veto que pesa sobre el armamento del gigante asiático. 'The New York Times' desveló su historia en 2008 y, en el reportaje que minuciosamente reconstruyó la estafa, afirmó que Washington consideraba la munición «poco fiable y obsoleta».

Mucho ha llovido desde entonces. Según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), China ha superado ya a Rusia y se ha convertido en el segundo mayor exportador de armamento del mundo, superado únicamente por Estados Unidos. El informe publicado por la institución sueca en enero, que recopila información de las cuatro mayores empresas chinas con contratos de Defensa, señala que el gigante asiático vendió armamento al resto del mundo por valor de 54.100 millones de dólares en 2017. Es una cifra tan abultada que tres de esas compañías escalan hasta el grupo de las diez mayores del sector.

Fusiles. Los AK-47 chinos poco tienen que ver con la versión 'low cost' que comercializaba hace décadas.

Atrás han quedado también los tiempos en los que China fabricaba versiones 'low cost' del Kalashnikov AK-47. Ahora produce cazas invisibles avanzados como el J20 -destinado a competir con el F-35 estadounidense-; drones bombarderos indetectables como el Espada Afilada o el CH-7; misiles balísticos como el DF-26 (desarrollado para atacar portaaviones) o el hipersónico DF-17; cañones electromagnéticos y el helicóptero Harbin Z-20, similar a los Black Hawk de la superpotencia americana. Es más, aunque seguramente no llegará a comercializarlos nunca, China también se ha embarcado en la construcción de sus propios portaaviones, clave para reducir la superioridad naval estadounidense en las turbulentas aguas del Mar del Sur.

Esta modernización del Ejército Popular de Liberación, que busca sustituir cantidad por calidad, ha convertido a Pekín en un adversario cada vez más formidable para sus rivales. En numerosas ocasiones, instituciones gubernamentales de Estados Unidos han señalado la amenaza que este auge militar supone para su hegemonía mundial, y esta misma semana Japón ha pedido a sus empresas que se den prisa en el desarrollo y fabricación de un nuevo caza para defender las islas Senkaku, cuya soberanía se disputan.

Aumento del 143%

La sofisticación armamentística del país de Mao también es un buen negocio. Entre 2010 y 2015, sus exportaciones de armas crecieron un 143%. Y la tendencia al alza se mantiene. Los países enfrentados con el bloque liderado por las naciones anglosajonas, en un vuelco que representa bien el cambio que se está produciendo en el orden mundial, se van distanciando de Rusia y confían cada vez más en China. En 2008, Venezuela fue uno de los primeros que encargaron armamento a su aliado asiático, y Pekín ha armado también a países como Bolivia, Irán, Pakistán y Bangladesh, así como al 66% de los estados que componen África.

China vende sobre todo cazas J-10, tanques de la clase 99, submarinos Yuan, y un gran abanico de proyectiles, así como plataformas de lanzamiento, armas ligeras, y munición. Hasta ahora, para muchos gobiernos y grupos armados -como los que operan en Myanmar- una de las ventajas de comprar armamento a Pekín ha estado en que sus dirigentes no hacen preguntas incómodas.

Pero todo puede cambiar en breve, porque esta semana Pekín ha anunciado la firma del Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), al que se adhieren ya 107 países. Según afirmó el lunes el representante chino ante Naciones Unidas, Zhang Jun, la incorporación al tratado «muestra la sinceridad de China de mantener un régimen internacional de control de armamento apoyando el multilateralismo». En tres meses, solo podrá suministrar armamento a estados soberanos.

Superpotencia responsable

Además, en virtud del TCA, China tendrá que examinar antes de cada transacción si las armas pueden ser utilizadas para eludir algún embargo internacional o ser desviadas hacia criminales o violadores de los derechos humanos. La Unión Europea ha aplaudido la decisión del Gobierno chino. «Como un importante exportador de armas, su adhesión contribuye al avance de los objetivos marcados en el Tratado para regular el comercio internacional de armamento convencional, prevenir y erradicar el comercio ilegal de armas y munición, y evitar su desviación», afirmó el miércoles la Delegación de la UE en China.

La firma del documento llega en un momento crucial. El país más poblado del mundo se enfrenta cada vez a un mayor número de enemigos, con pugnas en lugares tan distantes como la frontera del Himalaya que se disputa con India o las aguas del Mar del Sur de China que la enfrentan a media docena de estados. Al mismo tiempo, Pekín quiere proyectar una imagen de superpotencia responsable -en contraposición a la actitud de Estados Unidos, que no ha ratificado el tratado- y erigirse en abanderada del 'poder blando' que prioriza el desarrollo económico y la colaboración sobre el enfrentamiento. No obstante, su meteórico auge y creciente soberbia le están granjeando recelos allí donde antes era recibida con los brazos abiertos, y el megalómano plan del presidente Xi Jinping para vertebrar el mundo siguiendo los pasos de la Ruta de la Seda se tambalea.

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