Gabriel Boric durante un mitin celebrado en Santiago de Chile el pasado 16 de diciembre. / REUTERS

La idílica primera semana de Boric en Chile tras su elección como presidente

La ciudadanía ensalza al futuro mandatario, que deberá sacar adelante un ambicioso programa progresista sin ahuyentar a los inversores

DAGOBERTO ESCORCIA

La esperanza de un cambio sustancial llegó a Chile el pasado domingo con la elección de Gabriel Boric, un ex líder estudiantil que a sus 35 años se ha convertido en el presidente más joven en llegar a la Casa de la Moneda, el que más votos ha recibido en la historia democrática de este país latinoamericano. Al mismo tiempo, será el gobernante más a la izquierda que haya tenido el pueblo desde el mandato de Salvador Allende, de 1970 a 1973.

Todo parece bonito para una gran parte de este país que creyó y cree en el programa revolucionario de Boric. Una semana después del notable triunfo, Boric y Chile disfrutan de una 'luna de miel' en la que el presidente sufre una idealización total. Todo lo que dice suena a fantástico. Incluso se alaba que sea el primer presidente con tatuajes en sus brazos. «Boric es una brisa fresca y suave que ha traído una enorme ilusión», afirman algunos comentarios en redes sociales. Todo normal porque hasta ahora Chile ha sido gobernado por personas con una edad superior a la suya, como fueron Michele Bachelet y Sebastián Piñera. Detrás de toda esa esperanza que ha generado su triunfo, el nuevo mandatario, al mismo tiempo, afronta un desafío monumental como el que representa ajustar a la realidad las expectativas creadas durante su campaña electoral.

Boric prometió acabar con las desigualdades que vive Chile desde hace muchos años y que, en gran parte, provocaron el estallido social de octubre de 2019, toda una demostración de rabia de las clases más necesitadas, que ha finalizado ahora con la elección de un presidente joven y la redacción de una nueva Constitución. El nuevo jefe de Estado captó el voto del centro-izquierda porque todo lo que había en la oposición significaba votar a la ultraderecha liderada por José Antonio Kast, con un pasado muy próximo al dictador Augusto Pinochet.

LAS CLAVES:

  • Los próximos pasos. El líder izquierdista presentará a su Ejecutivo el 11 de enero pero hasta marzo no tomará posesión

  • Un ejemplo para la región. Algunos expertos creen que el cambio político en el país tendrá influencia en otros Estados vecinos

En su programa, Boric anunció un cambio hacia un Estado de bienestar que imitará al que se vive en muchos países de Europa. Las expectativas creadas son mayúsculas. Entre otros proyectos manifestó que subiría el salario mínimo, al mismo tiempo que aumentaría las pensiones, reduciría la jornada laboral a 40 horas de trabajo semanal, haría un cambio sustancial del sistema privado de salud para que nunca más haya discriminaciones entre ricos y pobres, y ofrecería transporte gratis a todos los ciudadanos.

La principal preocupación de varios analistas chilenos se concentra en cómo llevará a cabo Boric todo este desafiante programa de mejoras ciudadanas, cómo combatir esa desigualdad sin espantar a los inversores extranjeros que en Chile han tenido una participación fundamental en el desarrollo del país. Derrotado en la primera vuelta de las elecciones, Boric tuvo que moderar algunos puntos del programa económico para alcanzar el triunfo en la segunda vuelta. Entonces el candidato pareció entender que la forma de cumplir las promesas es ofreciendo estabilidad y tranquilidad a los inversores y al sector privado.

Chile ha depositado en Boric todas sus esperanzas en un cambio verdadero en el que el Estado trate mejor y por igual a todos sus ciudadanos. Nadie quiere hoy en día que la enorme ilusión creada por el joven izquierdista se quiebre pronto y de una manera dramática, lo que puede llevar a cabo una nueva ola de estallido social. Para que ello no se produzca hay quien cree que ante la falta de experiencia en la Administración de un Estado Gabriel Boric tendrá que nombrar un equipo muy competente que no solo esté integrado por otros líderes de su misma edad que lo han acompañado hasta ahora a alcanzar el poder, y que además son sus mejores amigos.

Boric tomará posesión de la presidencia de Chile el próximo 11 de marzo, pero ha anunciado que hará pública la lista de los integrantes de su gabinete el 21 de enero. Entonces se revelarán algunas de las dudas que tienen los otros partidos políticos que apoyaron la candidatura del elegido jefe de Estado.

«Un gobierno social»

En ese ambiente de ilusión que viven muchos ciudadanos chilenos, el sociólogo Jaime Beltrán cree que «Boric no solo representa a una sola generación, también a otras multitudes que hasta ahora no han tenido tanta importancia como es el caso de mujeres y jóvenes». «Estoy convencido de que Boric tendrá en su gabinete personas con experiencia y jóvenes positivos y responsables. Va a mantener un gobierno social demócrata que tendrá un respeto por las relaciones económicas, la estabilidad, por las instituciones, por la vía democrática y del diálogo, más al estilo europeo. Su gobierno no tendrá nada que ver con una asonada tipo chavista o como el caso nicaragüense. La tendencia de este Ejecutivo será progresista», asegura.

El cambio generacional que se ha dado en Chile puede también que tenga una influencia en otros países vecinos. Óscar González, abogado colombiano, profesor universitario y máster en estudios políticos, confía en que el triunfo de Boric impulse a las nuevas generaciones a creer más en ellos. «El impacto de la victoria de Boric es impresionante y todo lo que engendra tiene una fuerza histórica. ¿Por qué razón hoy en día un joven venezolano o colombiano no puede creer en ser también protagonista en la política de su país? Más allá de lo ideológico, su llegada al poder va a repercutir mucho en otros países».

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