Una empleada de un colegio electoral muestra una papeleta. / Reuters

Chile vota con dudas una nueva Constitución más inclusiva

Las divisiones y el temor se extienden en una ciudadanía que este domingo podrá decidir si entierra o no el último vestigio de la dictadura de Pinochet

DAGOBERTO ESCORCIA

En medio de una gran incertidumbre, abrazados por un clima de temor y miedo, entre el quiero pero no debo, confuso y con muchas dudas en el cuerpo, Chile vota este domingo un plebiscito en el que decide si aprueba o rechaza el borrador de una nueva Carta Magna que entierre la construida durante el pasado tenebroso de la dictadura de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990. Hace unos días el politólogo Cris Bellolio, declaraba en estas mismas páginas, que esa votación hace unos meses parecía que era un penalti sin arquero. Era gol. Lo marcaba el pueblo y era una nueva derrota para la derecha conservadora. Pero las encuestas han reflejado que esa votación irá en contra de las alegres predicciones de los partidarios del «apruebo». Pese a la voluntad y las promesas del Gobierno de Gabriel Boric de dotar a Chile de una nueva Constitución, hoy en día nadie sabe cómo continuará la historia de este país sea cual sea el resultado del plebiscito.

El viernes, a solo dos días de acudir a las urnas, los chilenos se levantaron con las noticias no solo del intento de magnicidio de la vicepresidenta de Argentina, Cristina Fernández, sino también de una serie de graves incidentes sucedidos en Santiago en los que se produjo una agresión a Simón Boric, hermano del presidente Gabriel Boric, cuando intentó evitar el saqueo de un local comercial. La capital había vivido una jornada de violencia que obligó al Gobierno no solo a repudiar el acto, sino también a llamar a la prudencia y a la tranquilidad. Probablemente esta situación de inseguridad que se vive y que ha ido en aumento este año influirá en una menor asistencia a las urnas, que en esta ocasión pueden contar con los votos de los mayores de 65 años que en las elecciones presidenciales no pudieron hacerlo por culpa de la pandemia.

Existen distintas razones para explicar por qué los chilenos hoy le darían la espalda al cambio profundo de su Constitución. Pero ninguna de ellas concuerda con lo que pasó en octubre del 2019. Hace tres años salieron a las calles a manifestarse, a protestar contra un gobierno que iba por un camino y una sociedad que iba por otro, fue un estallido que se produjo con gran entusiasmo, como una fiesta, pero también con muchos brotes violentos. Los chilenos no solo encendieron una cerilla en su país, también lo hicieron en el continente, que hoy vive en plena ebullición buscando una forma de vivir mejor.

El Gobierno del entonces presidente, Sebastián Piñera, cedió ante la fuerte presión social. Convocó un referéndum para votar sí o no a la elaboración de una nueva Constitución. Un 78% dijo 'sí'. Eligieron una convención constitucional paritaria, en la que había igual número de mujeres que de hombres, en la que pudieron participar muchos independientes, grupos marginados y representantes de los pueblos originarios, de las comunidades indígenas. Algo novedoso, casi ejemplar. Eso sí, la derecha conservadora, la que en los últimos 30 años, dominó el país apenas tuvo voz y voto.

La Convención tardó un año en preparar el borrador, pero durante ese período hubo peleas, faltó un diálogo más respetuoso, se llamó traidores a los que pensaban diferente, se insultó a los que proclamaban una ley abortista, a las feministas y a los favorables a la diversidad sexual. Pero, pese al desprestigio que sufrió la convención, según muchos politólogos, acabó redactándose un buen texto, moderado, en el que se respeta la autonomía del Banco Central, el derecho a la propiedad está garantizado, hay un reconocimiento a los pueblos originarios, y busca una mayor igualdad. Eso sí, todas las normas tienen que pasar por el Congreso para convertirlas en ley.

«Expectativa de cambio»

¿Pero qué pasará si gana el 'no'? En una entrevista a 'The Clinic', Claudia Heiss, directora de la carrera de Ciencias Políticas de la Universidad de Chile, que participó en la convención constitucional, manifiesta su preocupación por las dificultades que presentará el proceso político. «El apruebo da más certezas del camino institucional que se debe seguir porque genera una expectativa de cambio. El rechazo agudizará el conflicto».

Muchos chilenos están agotados por este proceso que durante tres años los ha tenido enfrentados y viviendo una situación que probablemente no habían experimentado antes del estallido social. Patricio Guzmán, director de cine y de muchos documentales entre ellos el de 'Mi país imaginario', basado en los hechos ocurridos en octubre del 2019, que se estrenó en cines el pasado 11 de agosto, está convencido de que «Chile hoy en día es un volcán que no se puede apagar. Es una historia que ha reventado con 40 años de retraso. Este Chile necesita cambios profundos y votar por el futuro».

El presidente Boric ha prometido, gane o no el 'sí', que luchará por dotar a Chile de una nueva Constitución. Ha asegurado que impulsará un nuevo proceso si el texto es rechazado o reformar los artículos más conflictivos. Varias fuentes próximas a la presidencia han informado que el mandatario se ha reunido de forma privada con los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, con el objetivo de establecer un gran consenso independientemente de qué opción gane el plebiscito. En el mismo se establecerían normas claves para la creación de esa nueva Carta Magna.

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