Una mujer exhibe una pancarta de tela con el rostro de Lula. / EFE

Brasil, ante la segunda vuelta

Quien mejor conecte con la gente, y no solo con sus votantes, será el nuevo presidente de Brasil.

CARLOS MALAMUD Catedrático de Historia de América de la UNED e investigador principal de América Latina del Instituto Elcano

Finalmente se resolvió la incógnita electoral y habrá segunda vuelta en Brasil, pese al consenso político y mediático que insistía en una posible victoria de Lula en la primera. Pero, al no conseguir la mitad más uno de los votos válidos (descontados blancos y nulos), los brasileños deberán volver a votar el próximo 30 de octubre. En esta ocasión, junto con las elecciones presidenciales, se renovó la totalidad de la Cámara de Diputados, un tercio del Senado y al conjunto de gobernadores y parlamentos regionales. El proceso le permitió al bolsonarismo aumentar su presencia parlamentaria y su representación territorial.

La suma de estos resultados es agridulce para Lula, pero tampoco fácil de gestionar para Bolsonaro. Lula ve preocupado que el 48,2% de los votos obtenidos fue insuficiente para asegurar la victoria definitiva y ahora debe enfrentar un durísimo segundo turno si quiere llegar a la presidencia. Uno de sus principales problemas, compartido con Bolsonaro, es que su índice de rechazo es muy elevado y complica el trasvase de apoyos de los candidatos descartados e incluso de los potenciales votantes que han nutrido la abstención el domingo pasado.

A Bolsonaro el resultado también le deja sentimientos encontrados. Por un lado, porque fue capaz de derrotar ampliamente a las encuestas, que pronosticaban una distancia de entre 10 y 16 puntos porcentuales con el expresidente. Ésta se redujo finalmente a solo cinco (unos seis millones de votos), lo que le permite sacar pecho y esperar con cierta confianza el balotaje. Por el otro, porque al reconocer el resultado obtenido, en cierta medida favorable, no cuestionó la validez de la votación ni denunció fraude (una de sus amenazas favoritas), complicándole el desconocimiento de una potencial derrota el 30 de octubre.

Las segundas vueltas suelen ser nuevas elecciones. Habrá que ver qué dicen las encuestas, pese a la enorme pifia del domingo pasado. Intuitivamente, las opciones de los dos principales candidatos parecen más igualadas que en la primera votación, aunque parecen ser mayores en el caso de Lula que en el de Bolsonaro. La confianza es mala consejera y por ello, aquel de los dos que quiera ganar deberá diseñar y ejecutar una campaña inmaculada. ¿Podrán hacerlo o cometerán ciertos errores no forzados que a esta altura del proceso pueden ser irreversibles y difíciles de corregir? Quien mejor lo haga, quien mejor conecte con la gente, y no solo con sus votantes, será el nuevo presidente de Brasil.

Temas

Brasil