Vargas Llosa: "La victoria de Hamás es inquietante, sobre todo para las mujeres"

31/01/2006

Había estado muchas veces en Israel y siempre se había mostrado partidario del Estado hebreo y admirador de sus logros y los de su sociedad, "la única democracia auténtica de la región". Sin embargo, cuando Mario Vargas Llosa quiso vivir sobre el terreno la retirada de los colonos de Gaza, en agosto y septiembre de 2005, sintió con claridad que la "intransigencia" exacerbaba el "radicalismo". Así lo reflejó en una serie de reportajes, que acaba de reunir en el libro "Israel/Palestina: paz o guerra santa" -ilustrado por las fotografías de su hija Morgana-. Sólo por eso, muchos lo han tildado ya de "antisemita".

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Él se ríe, con incredulidad y cierta amargura, mientras analiza con preocupación los últimos acontecimientos. "No puedo decir que la victoria de Hamás me haya sorprendido. Cuando uno viaja a los campos de refugiados, percibe la rabia por la corrupción de la dirección palestina y la simpatía por la honradez de Hamás". Y, para no ser mal interpretado, se apresura a explicar: "Simpatía, pero no una simpatía religiosa, ¿eh? Es una simpatía que viene de su compromiso con el pueblo, de las redes de ayuda, de las escuelas, de la asistencia médica y social que contrasta con la ineficacia de su Gobierno. No hay que ver el resultado de estas elecciones como una radicalización islamista, sino más bien como un rechazo a la Autoridad Palestina".

Una explicación simple que no aminora, sin embargo, sus malos presagios. "Tampoco hay que engañarse -añade-, porque aunque la mayoría de la población no sea radical, Hamás sí lo es, y es inquietante que el poder recaiga en una formación que no cree en la diversidad, aunque su representatividad sea indiscutible. Es inquietante para la democracia y es inquietante, sobre todo, para la mujer palestina, una de las más libres de todo el mundo musulmán".

Durante los 15 días que pasó en los territorios ocupados el escritor peruano pudo comprobar esta importancia del papel femenino, pero también otras características que aclaran, aunque no justifiquen, parte del estado de las cosas. Por ejemplo: "Cruzar el muro -dice con amplios aspavientos- es una experiencia terrible, incluso para un periodista que sólo va a estar dos semanas. Para quien tiene que cruzarlo varias veces al día, es algo pesadillesco". O por ejemplo: "La política de destrucción de las casas de los terroristas es equivocada. Sí, el terrorismo es monstruoso, pero no hay culpas colectivas. Que uno sea un radical no significa que lo sean también sus padres, o sus hermanos, o sus vecinos".

 

Paz representativa

 

Este tipo de comportamientos hacen que Vargas Llosa se preocupe, también, por los resultados de las próximas elecciones en Israel, que determinarán el futuro del proceso de paz. "En cierta manera, quizá la victoria de Hamás sea positiva, como ya me sugirió en su día un asesor de Sharón, siempre y cuando opte por una vía moderada. Aunque se hubiera llegado a un acuerdo con Fatá, una paz negociada con un gobierno no representativo es una paz muy relativa. Ahora hay que ver si en la otra parte gana una formación que aplace las negociaciones y acarree una nueva oleada de atentados, o bien la que parece mayoritaria". Y añade: "Es una paradoja extraordinaria que la izquierda israelí piense que es importante la victoria de los planteamientos de Sharón, que siempre fue un monstruo para ellos".

Quizá por ese tipo de paradojas, asegura el autor de 'La casa verde', "Israel es el único lugar del mundo donde me siento de izquierdas; porque la izquierda israelí es muy admirable, generosa, formada por hombres justos, que es a quienes dedico mi libro, aunque por desgracia, muy minoritaria".

Después de decenas de conversaciones con políticos, escritores, soldados, profesionales y, sobre todo, gente de la calle de ambos bandos, Mario Vargas Llosa está convencido de que la única solución para la región "es un Estado unitario, un solo Estado para ambos pueblos". Serio, resignado, calla, reflexiona, toma aliento y sentencia: "Pero es una utopía, un imposible en lo inmediato, porque no lo quieren ni palestinos ni israelíes".

Al escritor sudamericano las críticas recibidas le extrañan, pero no menos que las que está soportando Steven Spielberg por su película 'Múnich': "Me ha emocionado mucho y me ha parecido extraordinaria. Spielberg ha sido muy objetivo y se ha limitado a contar que es un gravísimo problema moral combatir el terror con terror. El hecho de que se critique esto sólo demuestra lo que también demuestra la película: que en Israel hay gente intolerante".