Una mujer curtida por el roce del barro

Rodeada de jarras, tinajas y figuras indigenistas, Nena Fleitas es una mujer de armas tomar curtida por el barro en su rinconcito de Las Cordilleras, en Santa Brígida. Para ella, la alfarería no es sólo un oficio, sino una cultura que debe mantenerse viva, por lo que el papel de las instituciones es crucial.

A sus 51 años tiene claro que de la alfarería uno no se gana la vida y a nadie le aconseja que se embarque en esta tarea, aunque ella misma ha sacrificado de todo para dedicarse a ella. Nació en La Atalaya y desde pequeña siempre tuvo inquietud por experimentar con el barro. No en vano, nada más salir del colegio pasaba por delante de la casa del conocido alfarero Panchito, ya fallecido. Su curiosidad le llevaba a agacharse y caminar entre las piernas de «los guiris» hasta poder atender las explicaciones del artesano, a quien, años más tarde, acompañaba por el rastro de Vegueta como alumna y creían que ella era su hija. De hecho, aún conserva en su taller una fotografía inédita de su maestro junto a su horno de La Atalaya. A los 25 años decidió que lo suyo era la alfarería, a pesar de las reticencias de su madre sabedora de que éste «es un trabajo duro para vivir». «Si la administración pública administrara mejor el dinero se podrían abrir tiendas donde vender las piezas», afirmó Fleitas, que considera que «las instituciones deberían implicarse más en este tipo de actividades para que no se pierdan» y evitar que personas que «hacen un curso de 72 horas den clases como alfareros, ya que eso no es estar preparado», apostilló. Ataviada con su delantal y en medio de multitud de «cacharritos», cuida al máximo los detalles de sus figuras, en las que compagina lo tradicional con la vanguardia, pero utilizando «la misma técnica de trabajo». Prueba de su quehacer meticuloso son sus figuras indigenistas, en las que hasta las cejas de los personajes parecen reales. Precisamente el indigenismo es una de las técnicas que más le atrae. En este sentido, elogia la labor del pintor y escultor de Gáldar, Antonio Padrón, cuya obra aseguró que le ha inspirado «mucho». Fleitas cree que no se ha valorado su trabajo. Su vida está llena de «medallas invisibles», como ella misma dice, al tiempo que cuestiona que «la costumbre es dar los homenajes cuando la gente muere y mientras las personas están vivas les dan mordiscos y leñazos». En todo caso, añadió que «no hace falta» que le rindan un tributo, sino que «lo que hace falta es que la cultura canaria se vea».