Una casa con dos árboles dentro

14/09/2010

Hace treinta años, Juan Tadeo Ramírez, Juan ‘Sardina’ para todo el mundo, decidió construir una casa de dos pisos en al zona del Ojero, en Arbejales. Cuando iba a comenzar las obras se acordó de la promesa hecha a su suegro y decidió dejar dentro del edificio a tres naranjos centenarios.

Antonio Santana Cárdenes, el suegro de Juan, muerto a los noventa años, le dijo un día: «Te  doy el solar del arrife, pero con la condición de que comas todas las naranjas que quieras, pero que no me cortes nunca los tres naranjeros centenarios que las están dando».


Juan, al que apodan el ‘Sardina’ porque su madre era de ese barrio galdense, es actualmente sepulturero de Arbejales, fue dueño de una lonja en el Mercado de Altavista, colaborador con la parroquia del Pino durante veinticinco años y ahora se dedica a sus árboles y a su huerta, donde planta de todo, hasta chapote venezolano, que dice que es muy bueno para personas con azúcar.


Hace treinta años decidió sorribar el arrife y hacerse una casita de dos pisos. A medida que iba avanzando en el desmonte y acercándose a los tres naranjos, se le hacían presente la figura de su suegro y sus admoniciones. Respetuoso o supersticioso, Juan decidió acatar el deseo del difunto y empezó a levantar su casa alrededor de los árboles. Uno de ellos, con el tronco podrido, se cortó sin remordimientos, pero los otros dos siguieron enhiestos, al tiempo que las paredes los iban envolviendo hacia la azotea, donde surgen otra vez libres y cargados.

Sin problemas. Al ser naranjos, árboles de raíces superficiales débiles, con una pivotante grande, que se introduce en la tierra en busca de agua y alimentos, Juan no temió nunca por la estructura de su nueva casa. Lo que si hizo fue acomodar los troncos de los dos árboles centenarios a los cimientos de la casa y las paredes y pisos para que siguieran su caminar hacia lo alto. Terminada la casa, desde la carretera, al viajero le da la sensación de que a esta casa del Ojero le nacen dos árboles en el techo, pero es una ilusión óptica. Lo que hay en esa casa es un canto a la ecología y al respeto a lo vivo, salvaguardando a rajatabla la voluntad de un muerto.