La Oliva

Un viejo caserón de película

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Amores imposibles, hijos secretos, violencia, pobreza, valentía. Las viejas leyendas de la Casa de los Coroneles, la propia casa llena de misterios, de embrujos, podrían ser ideales para rodar una película. Así lo piensan los alumnos de un taller de guiones celebrado en tan histórico inmueble.

Alejandro Amenábar habría encontrado aquí un lugar perfecto donde seguir alimentando las neurosis de Nicole Kidman para su famosa película Los otros. La vieja Casa de los Coroneles no es victoriana, es canaria, majorera para más señas, pero tiene algo de misterioso que intranquiliza y al mismo tiempo atrae a los visitantes. Como de película de miedo. ¿Sería éste un lugar perfecto para rodar? Sólo si se tiene un buen guión.

Decía Mel Brooks que director de cine puede ser cualquiera, pero buenos guionistas sólo hay unos pocos. Así lo piensa el guionista Jesús Olmo, director de un taller práctico de escritura de cortometrajes celebrado en el viejo caserón de La Oliva en los últimos dos fines de semana y concluido ayer. «Hoy en día, con las nuevas tecnologías, cualquiera puede rodar un corto, pero muchos se olvidan de lo más esencial, de estructurar bien sus historias con un buen guión».

La actividad se encuadra dentro de la programación del Tercer Corto Festival Dunas de Fuerteventura, y se realiza en colaboración con la Escuela Canaria de Creación Literaria y la Cámara de Comercio de Fuerteventura. La quincena de matriculados, además de aprender, deberán hacer un guión relacionado con la casa señorial.

El madrileño Olmo se confiesa asombrado por la luz, el paisaje y las energías de Fuerteventura, pero mucho más por el ambiente de la Casa de los Coroneles. «Tiene algo raro, una atmósfera irreal entre luminosa y fantasmal, ideal para rodar aquí una gran película», justifica.

Sin embargo, a una de sus alumnas, Lorenza Machín, no le acaba de gustar la reminiscencia bélica del inmueble. Y por eso en su guión ha imaginado una relación poética entre la casa y la vecina montaña de Tindaya. Aún así, el ejercicio le está costando. «Nunca pensé que fuera algo tan difícil y a la vez tan fascinante», reconoce con sinceridad.

Otro alumno, Luis de Dios, se muestra igualmente encantado con el taller, pues «aparte de darte las pautas técnicas te obliga a interiorizar y reflexionar sobre tus ideas, pues sólo así lograrás dar credibilidad a todo lo que hagas». Se siente, sin embargo, decepcionado con la Casa de los Coroneles. «La última rehabilitación la ha modificado radicalmente, perdiendo parte de ese alma que guardaron sus muros durante tantos siglos».