Un pequeño Chernobyl en Juan Grande

05/03/2011

La planta de residuos sólidos urbanos de Juan Grande, que el Cabildo de Gran Canaria ha rotulado con el pomposo nombre de complejo ambiental no es ni lo uno ni lo otro. Se trata de un vertedero donde son enterrados sin clasificar ni tratar los residuos orgánicos que se depositan en los contenedores de la basura correspondientes a los 8 municipios que componen la comarca de sureste, sur y suroeste de Gran Canaria, de Telde a La Aldea.


Pero más allá de si cumple con los requisitos para llevar uno u otro nombre, está la gestión de las instalaciones. Vecinos y ecologistas coinciden en señalar que ha sido y es nefasta y que por eso la han denunciado en multitud de ocasiones. «Nunca se ha hecho nada, sólo enterrar la basura», apunta el representante de la plataforma de vecinos de Juan Grande, Juan Artiles, cuyos escritos durante más de una década exigiendo el cumplimiento de la normativa sobre residuos y el cierre de las instalaciones nunca obtuvieron resultados.


En Juan Grande están todas las máquinas para hacer la clasificación y el compostaje que están proyectadas desde hace años, «pero no se ponen en marcha», con lo cual todos los residuos van al mismo vertedero sin tratamiento, indican.
No obstante el problema más preocupante y que ha movilizado a los vecinos durante los últimos años es la contaminación del acuífero porque el vaso no está impermeabilizado y la acequia para recoger este líquido «sólo sirve para permitir bombearlos desde el fondo del vaso a la superficie, donde se evaporan o van al acuífero».


Por lo tanto, como las basuras de origen urbano incluyen todo tipo de residuos domésticos peligrosos, entre ellos pilas que contienen metales pesados, el acuífero se lleva la peor parte con el vertido de los lixiviados, el líquido que se genera como consecuencia de la descomposición de la basura. A esto hay que añadir los habituales malos olores del metano y los continuos incendios que esto provoca.


Según datos del Ministerio de Medio Ambiente, las emisiones de metano (CH4) son escalofriantes. En el 2005 fueron 5.310.000 kilogramos; en 2006, 4.420.000 y en el 2007, 4.160.000 kilogramos.


A raíz de esto se ha extendido entre la población la idea de que muchas de las dolencias graves que se registran entre los habitantes de la zona son producto de la alta contaminación ambiental generada por este vertedero. «Es que la cifra de cánceres de todo tipo se ha duplicado», indican con indignación. De momento no existen estudios epidemiológicos que permitan contrastarlo científicamente.


Estas instalaciones, que el Gobierno de Canarias, por iniciativa del Cabildo de Gran Canaria, ha decidido ampliar y acondicionar, ya que está a punto de colmatarse, reciben un media de 250.000 toneladas anuales de residuos, una basura que se pudre sin tratamiento, porque no se realiza una selección exhaustiva. «Sólo a veces trituran maderas y neumáticos», aclara Pepe Enríquez, uno de los integrantes de la plataforma de Juan Grande.


La gestión es tan deplorable, dicen, que parte del vallado perimetral está en el suelo desde que fuera derribado por los vientos de la tormenta tropical Delta el 28 de noviembre de 2005. Con este panorama nadie confía en los anuncios del Gobierno y piden el cierre definitivo de «pequeño Chernobyl».