Un paciente con ictus, en tres hospitales en 72 horas

La familia Jiménez siente que está viviendo una pesadilla. Manolo Jiménez, de 79 años, ha sufrido un ictus que lo ha dejado encamado, y en menos de tres días ha sido trasladado a tres centros hospitalarios. «Hasta un perro tiene más derechos», se queja su hijo, del mismo nombre. «Nadie lo quiere, lo tratan como si fuera un paquete».   

Estaba ingresado en la Clínica de La Paloma, de allí lo derivan al Hospital Insular, de donde al día siguiente lo mandan a Santa Catalina y desde donde, en menos de cuatro horas, resuelven devolverlo al Insular. «Ahora lo tienen en Urgencias y me dicen que en espera para trasladarlo, otra vez, a otra clínica». Manuel está desesperado e indignado. No le cabe en la cabeza que den a su padre un trato «tan denigrante y en el estado en el que está», con un lado del cuerpo paralizado y alimentado por una sonda nasogástrica hasta el viernes.
Y le da rabia porque su padre «se pasó toda la vida trabajando, desde niño, y cotizando, para que ahora la Seguridad Social lo maltrate». Cuenta que nunca se cogió una baja y que su médico de cabecera lo conoció hace dos años y por una infección de orina. «No le ha generado un solo gasta al sistema de salud y, ahora, cuando le viene a hacer falta,  se lo despachan de forma tan injusta».

Por una lesión de rodilla. Los males de Manolo Jiménez empezaron por una artrosis de rodilla. Se estuvo tratando hasta que un traumatólogo del Servicio Canario de Salud (SCS) resolvió operarlo y colocarle una prótesis. Y eso hicieron. Fue el 11 de septiembre pasado en la Clínica de La Paloma. Una semana después fue dado de alta, y el día 23 del mismo mes le quitaron las grapas, pero el 28 se cayó en su casa y se le abrió toda la herida de la rodilla. Le cosieron en el Insular y le pidieron que lo viera el traumatólogo que lo operó. Lo atendió el 30 de septiembre, y decidió dejarlo ingresado. Y fue estando en la clínica cuando le dio el ictus. Ahí empezó su calvario. A la gravedad de la enfermedad se ha sumado el «desprecio» de la sanidad pública. «Como está encamado, no lo quieren, como si fuera un paquete, en este país uno no tiene derecho a estar viejo y ponerse enfermo», dice.