Un medregal intoxica a dos familias de pescadores

06/08/2011

Dos de las siete familias que comieron de un medregal capturado en Fuerteventura han enfermado de ciguatera, una rara intoxicación alimentaria asociada con un alga que científicos de Vigo acaban de descubrir en aguas del Archipiélago. Tres casos anteriores, en 2004, 2008 y 2009 son los precedentes registrados por la Sanidad canaria.

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Hasta hace unas semanas no habían oído hablar de la ciguatera, un tipo de intoxicación alimentaria producida por la ingesta de algunos tipos de pescado y cuyos síntomas incluyen manifestaciones digestivas y neurológicas. Pero desde que comieron un medregal capturado por ellos mismos en Fuerteventura la enfermedad forma parte de sus vidas.
«Llevamos más de 20 años pescando tanto en Gran Canaria como en Fuerteventura, sabemos lo que comemos, conocemos la pesca y nunca nos había pasado nada, hasta ahora», explica Francisco Betancor, uno de los pescadores afectados.


Fue a raíz de la publicación en CANARIAS7 del hallazgo de una microalga tóxica en aguas canarias por parte de dos investigadores del Oceanográfico de Vigo cuando decidieron contar su historia. Betancor y su amigo Juan Ramón Medina, otro pescador afectado, creían que había sido casualidad. Quizás el pez había «llegado» a Canarias por las corrientes. Y es que la ciguatera es típica de las zonas tropicales, de aguas cálidas. Ahora, sin embargo, creen que el animal pudo acumular la toxina en la cadena trófica aquí mismo, en las Islas, con lo que hay que «avisar» e «informar» a la gente «para que no le pase a nadie más».


Ellos y sus familias lo han pasado mal. Aunque no todos los que comieron del medregal capturado en Fuerteventura han enfermado. El pez, que pesó unos 24 kilos y «luchó» por zafarse del anzuelo «más de 45 minutos», se repartió entre los siete amigos que se reunieron a finales de junio, «por San Juan», para salir de pesca. Lo capturaron el sábado y el domingo por la noche regresaron a Gran Canaria. El lunes comieron parte del medregal que les había tocado Juan Ramón Medina, su mujer, Josefa Peñate, y su hijo. Por la tarde ya estaban «malos», pasaron la noche «muy mal», con vómitos y dolor estomacal.


Su hijo mejoró -él «vomitó enseguida tres veces», dice Josefa Peñate-, pero ella y su marido no mejoraban. Fueron a urgencias y les diagnosticaron gastroenteritis aguda.


Ambos mejoraron gracias al tratamiento. Sin embargo, relatan, horas después volvían a encontrarse mal.
En una de sus visitas al centro de salud se encontraron con un sanitario cubano. Fue éste el que los puso sobre la pista: ciguatera, un diagnóstico que poco después les confirmó un médico privado, también cubano.


Mientras tanto, Francisco Betancor y su mujer, Mari Carmen Benítez, habían comido de su parte de medregal y ambos enfermaron. Los cuatro aseguran que además de los síntomas gastrointestinales han padecido -y continúan padeciendo- síntomas neurológicos, entre ellos parestesias (hormigueo, adormecimiento o ardor en la piel), prurito inversión de la temperatura (lo frío da la impresión de estar caliente y al contrario), dolores, cistitis y debilidad en las piernas.


De las otras familias, algunas comieron del mismo medregal y no han enfermado. Es el caso de Arcadio Ramírez, quien asegura que en su casa comió «desde un niño de dos años hasta un hombre de 90». Quizás, dice Josefa Peñate, «porque no se comieron el cuero, ni chuparon las espinas» como hizo ella, pero Mari Carmen Benítez asegura que ella tampoco lo hizo y, en cambio, se ha intoxicado.


El análisis químico de los restos del pescado, que ya están en Galicia, desvelará si el ejemplar capturado en Fuerteventura había acumulado la toxina. De ser así, sería el cuarto caso documentado en los últimos siete años.