Un CID a prueba de bombas

Óscar Hernández Romano
ÓSCAR HERNÁNDEZ ROMANO

Ni las bombas de Juan Carlos Navarro pudieron ayer con la magia del Centro Insular de Deportes. El escolta azulgrana forzó dos prórrogas en la guarida claretiana, pero ni la artillería pesada de uno de los mejores escoltas del mundo fue suficiente para doblegar a la comunión perfecta, esa que emerge cuando afición y equipo se convierten en uno solo en el recinto de la Avenida Marítima.

Dicen los más viejos del lugar que no importa que todo esté en contra, ni el rango del rival, porque una vez se entra en el CID el Sí se puede se convierte en un grito de guerra unánime, fortalecido desde la máxima lealtad a un equipo humilde pero grande como cualquiera cuando su corazón late junto a su fiel afición.

Sonó más que nunca la marea amarilla ayer, justo cuando más lo necesitaba sus guerreros. Las tres derrotas consecutivas y la visita de la galaxia azulgrana auguraban más que nunca la crónica de una derrota anunciada. Pero volvió la magia al CID y la transformación fue perfecta.

Un gran triunfo que partió desde la base. Allí, tanto Óscar Alvarado como Tomás Bellas comandaron la nave amarilla de manera magistral. Los triples y el descaro del canterano hicieron saltar al más pesimista, mientras el madrileño se vaciaba en labores defensivas convirtiéndose en la pesadilla de Navarro.

Pero no se quedó ahí la cosa. Nelson volvió a ser el de antes de su lesión: valiente y acertado cuando el balón quema. Haynes, aunque algo incómodo, terminó anotando 11 puntos. Palacios acertó en todo lo que tiró. A Bramos no se le encogió la muñeca. Tampoco faltaron los rebotes de Beirán... Y, por si fuera poco, un Savané que bordó aquello que mejor se le da: liderar a los suyos hacia otra gran victoria.

Una comunión perfecta que solo funciona cuando se unen equipo y afición. Un Centro Insular de Deportes casi imposible de derrumbar cuando saca a relucir su magia. Por encima de todo. De líderes, de rachas negativas, de prórrogas, de bombas