Tuineje se va de romería de San Miguel

Centenares de personas se dieron cita ayer en Tuineje para celebrar la tradicional romería en honor a San Miguel Arcángel. Al compás de las parrandas, los camellos y los burros, los romeros siguieron el paso hasta llegar a la iglesia, donde realizaron una ofrenda que se alargó hasta bien entrada la noche.

La romería de Tuineje se afianza cada año como el acto principal de las fiestas juradas en honor a San Miguel, muy por encima del peso histórico de la Batalla de Tamasite que ganaron los majoreros contra los piratas ingleses hace 268 años. Carrozas, grupos, música, olores, camellos y burros se arremolinaron en Corral Blanco para ir ascendiendo, a medida que se ocultaba el sol, por la calle Eustaquio Gopar hasta la iglesia donde se realizó la ofrenda de productos de la tierra ante la imagen del santo.

En la romería de Tuineje, no faltó de nada. Lo primero que no falló es el público, que ayer por la tarde y buena parte de la noche siguió el recorrido de las carretas desde Corral Blanco hasta la plaza de la iglesia. La gente acudió en mayor medida, si cabe, que otros años por ser domingo. Tampoco a los romeros se les escapó detalle de la tradición rural de la Fuerteventura del siglo XX, tanto en vestimenta como en ambientación. Y la ofrenda a San Miguel Arcángel fue copiosa, lucida y pausada, durando hasta bien entrada la noche. Sin olvidar la participación de una veintena de parrandas y agrupaciones folclóricas que aseguraron ayer que la música sonara en cada tramo de la comitiva.

A lo mejor, de lo que adolece la romería de San Miguel es precisamente de mesura a la hora de la participación, en aras de disfrutar mejor del espectáculo de la tradición.

Hoy, 13 de octubre, Tuineje amanece con la última de las representaciones de la batalla: la del la victoria de los majoreros sobre los piratas que termina con la entrada en el templo de San Miguel y la misa.

Productos y música de la tierra

Ni gofio amasado, ni pan artesano, ni jareas, ni vino, ni papas, ni támaras, ni queso de cabra faltaron en las carrozas que desfilaron a lo largo de la calle Eustaquio Gopar hasta terminar en la plaza de la iglesia. Adultos y niños se vistieron con las ropas campesinas, y pocos, o casi ninguno, se vieron ataviados con el traje diseñado por el artista Néstor de la Torre que se caracteriza por el sombrero de palma de ala más que ancha. En Tuineje, el triunfo es de lo rural, de las costumbres de los padres y de los abuelos, que ahora sólo cabe repetir con nostalgia y en días señalados a lo largo de las fiestas de los pueblos. Hace más de 20 años, Tuineje recuperó la tradición de las romerías, que sólo pervivía en Vega de Río Palmas. Ahora, la participación es más ciudadana que institucional.