El triángulo

Tradiciones carnavaleras

Hace algunos años ya, a finales de los 90, creo que con José Domingo Hernández como concejal de Festejos, en Arrecife se decidió pasar el tradicional acto de cierre de los carnavales al sábado de piñata, de modo que no se hizo el entierro de la sardina en el miércoles de ceniza. El desfile coincidió con el coso de Puerto del Carmen, en el ámbito municipal de Tías, con lo que se consiguió que ambos actos festivos perdieran lucidez. Muchos grupos se vieron en la tesitura de acudir a uno de los dos desfiles nada más; y otros optaron por literalmente dividirse en dos, para así no perder las subvenciones de los ayuntamientos implicados.

Al año siguiente y en sucesivos se tuvo visión suficiente como para no repetir la mala planificación y así hemos llegados a 2012. Asumido el error, se entendió que las tradiciones carnavaleras tienen su sentido, al que los políticos deben tener cierto respeto.

Con este planteamiento, entiendo el enfado esta semana de los vecinos de Ingenio que no comparten la decisión de enterrar hoy oficialmente a su sardina. Máxime, cuando este municipio grancanario casi fue pionero en Canarias, aún con Franco en vida, a la hora de tirarse a la calle en pleno miércoles de ceniza. En buena medida comprendo a quienes están en contra de la decisión de Juan José Gil y su grupo de gobierno, porque hay quien aún tiene presente cómo en su casa hubo quien tuvo que esconderse de las autoridades para evitar disgustos. Y con ello, no digo que rechace de plano la decisión del alcalde, pero sí que considero que el regidor de Ingenio debe valorar la situación en su conjunto de cara a 2013, de modo que si de nuevo opta por llevarse el entierro de la sardina al sábado, al menos que sea porque ha habido acuerdo previo con los colectivos. Porque de no se ser así, se correrá el riesgo de hacer actos en paralelo, deslucidos ambos.

Por otro lado, me ha llamado la atención estos días ver cómo se ha vivido esta semana, o mejor dicho, cómo no se ha vivido, el carnaval en las sucursales de La Caja de todo el Archipiélago. Desde Madrid, sede central de Bankia, se dio orden de no aplicar horarios especiales, con la curiosidad de que sí se trabajó con los mismos en la mayor parte de los bancos que también tienen en la Península a sus principales gestores. Los empleados han aceptado la situación, a la espera de saber si al menos podrán disfrutar de este horario reducidos durante las Fallas de Valencia, con Bancaja de por medio; o con San Isidro, en mayo, al dictado de los acuerdos internos de CajaMadrid.

Es obvio que La Caja ha dejado de ser un elemento de máxima referencia en cuanto a identidad canaria, pero no por ello debe perder la institución sus raíces y sus implicaciones con la gente de la tierra. Y el carnaval es un vivo ejemplo. Porque si no se cuidan estos pequeños detalles, mucho me temo que para los canarios pasará a ser La Caja una referencia más de esa maraña de marcas comerciales que simplemente te buscan por los euros y no por el sentimentalismo de la defensa de lo propio. Y así, en nada, se derrumbarán los cimientos de vínculos especiales de la institución, labrados  durante décadas, con tantos cientos de miles de canarios. Y ni con San José y San Isidro habrá luego remedio.