Soria le niega el saludo a Paulino Rivero

21/04/2013
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El acto de despedida de los soldados que parten desde Canarias a Afganistán se vio ensombrecido por un incidente protocolario. El ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, le negó el saludo al presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero, tras perder una pelea sobre quién tenía que ser el último en incorporarse a la ceremonia.

Por si no eran suficientes los 38 grados al sol en la Plaza de Santa Ana, el ministro y el presidente hicieron sudar la gota gorda al departamento de protocolo del Ejército. Soria, con el apoyo de la delegada del Gobierno, Carmen Hernández Bento, insistía en que él era el último, que para eso era ministro, y Rivero, a la sombra, quietito. El presidente ni siquiera aceptó la propuesta de acudir a sus puestos al mismo tiempo y ante su oposición, Soria cedió y decidió no retrasar más el inicio del acto. Sin embargo, no se lo tomó con deportividad, a pesar de que, según Rivero, luego hablaran de fútbol.

Pero el mal comienzo no deslució un acto emocionante para los que se marchan y los que se quedan. Y eso a pesar de los calores. La verdad es que el ejército debería plantearse dejar de organizar actos a temperaturas de esas que derriten soldados. Dos cayeron en media hora de ceremonia y más de un invitado se vio en un apuro. Según los mandos allí presentes, era una maniobra más, al fin y al cabo, en Afganistán soportarán temperaturas de hasta 60 grados. Pobres.

Además de Soria y Rivero dando la nota, estuvieron el alcalde Cardona, siempre emocionado en el homenaje a los caídos; Pepa Luzardo, que llegó diez minutos tarde; Borja Benítez de Lugo, que no se pierde un acto castrense; Australia Navarro, inteligentemente a la sombra; y el presidente del Cabildo de Gran Canaria, José Miguel Bravo de Laguna, con una coronela de regalo para la Brilcan y con Juan Domínguez de escudero.

Pero en realidad, los más importantes eran los que no se les conoce el nombre, familiares y amigos que solo pensaban que ojalá todos los que allí estaban y marchan volvieran a casa sanos y salvos.