Socialdemocracia, Rafael Álvarez Gil disecciona la evolución

17/10/2016

Rafael Álvarez Gil, politólogo, doctor en Derecho y columnista de CANARIAS7 presentará el próximo viernes, a las 20.00 horas, en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, en la capital grancanaria, su nuevo libro, del que a continuación se publica su introducción.

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Toda crisis supone una disyuntiva que se cruza en el itinerario individual o colectivo que cuando menos zarandea y obliga a reposicionarse ante una adversidad o fatalidad (buscada o no) que nos constriñe y demanda ser resuelta de una u otra forma. Las hay que son de naturaleza ocasional, una vez zanjada reconducimos nuestra experiencia vital con la esencias tradicionales que nos moldean, y las que son plenamente disruptivas, afrontarlas nos lleva inequívocamente a otra dimensión en la que las cosas ya no serán como fueron. Es el drama vital, la clásica tragedia colectiva. Y ocurre que, por una vez, u otra más de tantas, la socialdemocracia tiene que aclarar el desafío pendiente de un relato político, que es el suyo, a la par que el de la España constitucional y el de la Europa del Estado del Bienestar; ambos cimientos actualmente en entredicho y aguardando ser afrontados por parte del centroizquierda.

Con motivo de la Gran Recesión de 2008, el periodo posterior de austericidio en el manejo de la crisis de la eurozona y la efervescente transformación sociológica tanto durante la misma como en la poscrisis, han compelido a la socialdemocracia a un trance interno e inevitable en el panorama nacional y europeo. Siendo conscientes de que la resolución a una escala depende igualmente de la otra, pues el Estado-nación padece la impotencia de querer y no poder ofrecer soluciones en la era galopante de la globalización y su imparable digitalización que ya afecta al mercado laboral.

Por supuesto, todo inicio y ocaso de época tiene sus instantes significativos; la rigurosa rúbrica del final melancólico que acompaña al atardecer de los tiempos. Y, sin duda, en lo que a la problemática que a este libro concierne, la caída de Lehman Brothers supone la ilustración de un momento iniciático que, en puridad, solo es el resultado final del proceso neoliberal de la era de Margaret Thatcher y Ronald Reagan que acabó con el conocido consenso de posguerra que trazaron socialdemócratas y democratacristianos. Pero esta clave no lo explica todo, adolece de otros elementos importantes. En el ciclo experimentado en los últimos años se han añadido diversos factores que complican aún más el rol a desempeñar por el centroizquierda.

Por lo tanto, la crisis que atañe a la socialdemocracia con motivo de la Gran Recesión de 2008 lo es también de otras múltiples facetas (políticas económicas y sociológicas) que nos invitan a pensar que la enjundia de la problemática es mucho mayor. Cabe admitir por un momento que si bien en otros ámbitos se ha ido dilucidando cómo arrostrar el futuro, cuestión dudosa fruto de la aceleración histórica, sin embargo desde el centroizquierda todavía se serpentea con irrefutable ánimo desnortado. Con una capacidad de respuesta mucho menor a la ofrecida en otros periodos (igual o más complicados) como el que asoló al Viejo Continente tras la Segunda Guerra Mundial.

La gran cualidad histórica de la socialdemocracia es su capacidad de adaptación a una realidad cambiante. Su habilidad dinamizadora para presentir las transmutaciones sociales de peso en el devenir de los tiempos. Y si la segunda mitad del siglo XX es precisamente el apogeo de su relato político, ahora no acaba de reajustarse al nuevo ciclo histórico padeciendo el severo riesgo de quedar relegada por otras fórmulas políticas ya sean postotalitarias en el discurso que esgrimen (pugnas que desdeñan el pacto social como método aglutinador de las divergencias) o bien directamente populistas.

Este es el encuadre innegablemente comprometido, de alcance histórico, que concierne al PSOE y a las restantes siglas europeas de centroizquierda. Un reto pendiente, causado por la encrucijada de un ocaso dilatado en el tiempo (desde Mayo del 68 y la crisis del petróleo de 1973) y que adquiere su mayor connotación tras la Gran Recesión de 2008.

Por consiguiente, la socialdemocracia tiene irresuelto colmar las lagunas de su propio relato aportando seguridad y explicando la naturaleza de los acontecimientos con un ánimo comprensivo e integrador.

No es fácil deslindar la dimensión de la problemática de la disputa diaria de cualquier agenda política en su debida ordenación. Y no lo es porque no hay forma de soslayar la consecuencia mayor o menor de que cualquier aproximación histórica a un partido lo es igualmente a su país, a la conformación del continente o a las estructuras económicas que le apelan. Los cursos 2015 y 2016 en España han estado repleto de citas electorales: locales y autonómicas, catalanas, vascas, gallegas y generales por partida doble (pendientes de unos posibles terceros comicios en el momento que escribo). Y un año antes, en 2014, los comicios europeos donde Podemos y Ciudadanos venían a poner de manifiesto el cambio de etapa en el sistema de partidos que habíamos conocido en las últimas décadas.

Demasiados acontecimientos, no por casualidad ni capricho del azar, que han columpiado a la socialdemocracia que, por otra parte, aún no ha acabado de digerirlo. Son numerosas las vicisitudes para encararlas de una sola sentada y precisamente desde la óptica de un posicionamiento ideológico (el del centroizquierda) que justamente llega a la encrucijada adoleciendo de un recetario para un periodo político y económico, nacional y europeo, que poco tiene que ver ya con el de la segunda mitad del siglo XX.

Es inevitable el repaso histórico, el rememorar las andanzas y desventuras del PSOE y de la socialdemocracia europea en su conjunto. Incluso, apelar a la memoria emocional del discurrir público de este país. Así nos aseguraremos entender cómo hemos llegado a esta espinosa situación de punto de inflexión, en el que solo cabe regenerarse o fenecer en el intento.

A estas alturas, y antes de sumergirse por completo en el libro como lector, se antoja imprescindible dos aclaraciones. La primera sobre la referencia temporal a su publicación (qué mundo le espera al salir de la imprenta) y la segunda sobre el espíritu que impregna este ensayo (diferenciar los matices, por importantes que resulten, con el asunto capital de la transición inexcusable a la que se ve compelida la socialdemocracia).

Por un lado, debo confesar que a lo largo de la elaboración del texto no pocas veces ha asaltado el dilema de cuándo publicarlo al calor de una actualidad tan rizada y enquistada en el ámbito parlamentario que es incapaz, mientras escribo esto, de conformar un Gobierno. A nadie se le escapa la rareza del último tiempo político que hemos vivido. No solo por la enjundia de la crisis económica y la ferocidad de sus secuelas, que también, sino por el clima político fruto de una opinión pública fragmentada que ha revuelto de cabo a rabo la España constitucional conocida por las ulteriores generaciones.

Por el otro, no ha sido sencillo escoger el momento de la publicación. Y a medida que pasaba el tiempo no estaba definido que el horizonte inminente se despejara, más bien lo contrario. Pero alguno tenía que ser. Y, en todo caso, el objetivo principal de este ensayo no es abordar una situación concreta de bloqueo político en el que también (junto al resto de actores) es protagonista el PSOE. Ni tampoco dilucidar el asunto de los liderazgos internos y potenciales candidaturas. Ni los vericuetos de los episodios internos en Ferraz. Si me lo permiten, son cuestiones que también invoco pero de claro orden secundario frente al propósito que abandero. Es decir, el fin del libro, de este libro, es arrostrar un diagnóstico nutrido por elementos nacionales, europeos y de naturaleza económica (la globalización y la Gran Recesión de 2008) que atañe a la socialdemocracia en su capacidad de respuesta corajuda a las problemáticas presentes. Meta que, al menos por ahora, no honra. Por lo que trato de delimitar las ventajas e inconvenientes con los que llega el centroizquierda a la época que ha comenzado y que para nada será como la anterior en la que precisamente albergó su apogeo ideológico. Es como si el destino quisiera casar el auge con el declive y obligara a debatir entre los extremos de la fatalidad del debate público.

En fin, estas son páginas para la complejidad de una época, sobreponiéndose a los titulares del azaroso presente y a las sabrosas portadas de las cabeceras. Una aportación al tiempo político que nos ha tocado vivir, no sin indistinguible vitola intergeneracional y con nítida vocación de ofrecer argumentos a la laguna presente que cunde mientras resulta recurrente invocar la Transición y cuestionar la viabilidad del sistema constitucional de 1978. Que lo disfruten.