Shia Wu Jao, martes y jueves

Carlos Santana Beltrán
CARLOS SANTANA BELTRÁN

‘Ni Hao!’, responden al unísono los dieciocho alumnos del curso de lengua y cultura china, que imparte el Centro Confucio para niños de entre seis y catorce años, nada más entrar al aula. Todos los martes y jueves, desde el 21 de junio, se sumergen en el aprendizaje de la lengua más hablada en el mundo.

Laia, Carmen, Pablo y Carlos ya saben saludar en chino, dar las gracias y comienzan a dar sus primeros pasos en el difícil arte de la escritura china. Tienen entre seis y catorce años, y como los otros catorce alumnos, llevan casi un mes aprendiendo lengua y cultura china en el recientemente estrenado Centro Confucio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Nada más entrar en el aula, en el edificio de La Granja, los dieciocho alumnos repiten al unísono Ni hao, que significa hola en mandarín, exhibiendo lo que han aprendido hasta el momento. A pesar de ser una lengua difícil de estudiar ellos tienen clara su importancia. «El chino es el futuro y el inglés también. Por eso estoy aprendiéndolo. No es tan difícil como cree la gente», afirma Pablo Gimeno, uno de los estudiantes del centro.

Desde el pasado 21 de junio todos los martes y jueves, y durante dos horas, los alumnos se sumergen en una de las culturas milenarias del mundo. En total son 24 horas inmersos en el aprendizaje, realizado íntegramente en inglés y chino. «Las clases son muy divertidas, y no paro de aprender. Ya sé decir mi nombre y hacer preguntas en chino, para cuando vaya a visitar China», afirma Laia Ming Rivera, sin parar de sonreír. Carmen García también quiere ir en un futuro a China y para ella una de las mejores cosas del curso es, además de aprender el idioma, las amistades que está haciendo.

Otras como Carlota Ruiz coinciden en clase con sus amigas del colegio. «Para mi lo que más me cuesta es hacer los trazos bien, si te sale mal uno la palabra pierde el sentido, pero aprendo muy rápido», afirma Carlota.

Que estén estudiando lengua china no quita para que aprovechen el tiempo de sus vacaciones al máximo. Todos están ya bronceados y con ganas de jugar con sus amigas, eso sí, después de clase. Laia ya ha pasado unos días de playa en Fuerteventura con su familia. Todos coinciden en que las dos partes más difíciles del aprendizaje del chino son la caligrafía y la entonación de las palabras. «Hay palabras muy iguales que se diferencia por la entonación, si no ponemos el tono que es diremos algo que no queremos», comenta Carlos Gimeno. Todos enseñan orgullosos sus cuadernillos con los deberes de caligrafía. «Al principio me costaba un poco, pero ya me salen las letras muy bien», afirma orgullosa Maite del Campo.

Este curso acaba el 28 de julio, pero sus alumnos ya tienen ganas de seguir profundizando en el aprendizaje del mandarín. «Cuando se acabe seguiré aprendiendo chino, me gusta mucho y me servirá para cuando visite el país», añade María Yingxin.