Semillas y pasado en la nevera

Patricia Vidanes Sánchez
PATRICIA VIDANES SÁNCHEZ

Cinco años de trabajo y 828 registros de semillas dignas de conservación. A priori ese es el resultado de Herencia olvidada, el proyecto que desarrolla la Consejería de Agricultura del Cabildo de Gran Canaria. Pero hay más. La intención es rescatar el mayor número posible de semillas con adn canario, con la intención de salvaguardar la biodiversidad agraria de la Isla. No hay conciencia de la biodiversidad», de su importancia, apunta José Corcuera, ingeniero agrónomo y técnico de La Granja del Cabildo, el alma mater del proyecto Herencia olvidada. Pero lo cierto es que después de un lustro el banco insular de semillas ya tiene consistencia. Corcuera ha registrado ya 828 semillas, una cifra que, matiza, no está cerrada. No hay día que no le llegue una nueva semilla digna de estudio. La relevancia del estudio radica en que gracias a él se están conservando tipos de especies locales a punto de extinción, y descubriendo algunas olvidadas. Y así, Corcuera subraya que puede que «la especie sea común, pero la raza, por decirlo de alguna manera, es interesante». Y de esta manera nos remontamos 500 años gracias a unas judías; o 1.000 años de la mano de un trigo concreto. Semillas que han sobrevivido siglos gracias a la labor de los agricultores grancanarios, que, sin saberlo, han salvado muchas especies. Superadas las razones científico-conceptuales del estudio, el ingeniero del Cabildo señala que la clave de todo está en la biodiversidad biológica, «que hay que guardarla viva. Interesa que no se pierda por si acaso». Y sobre todo en el momento actual, cuando «la realidad agropecuaria del siglo XXI tiene cada vez más interés por productos naturales», libres de química o del uso del petróleo. Y en ese campo destacan las especies locales, adaptadas al lugar, capaces de sobrevivir sin abonos artificiales, que resisten en las peores condiciones climatológicas, lejos de la ayuda de pesticidas.