Schulz, pederasta, músico e hijo predilecto

11/05/2007

Ulrich Schulz, pederasta alemán buscado por la policía de su país desde hace cinco años y que podría haber sido visto en la capital grancanaria guarda en sus bolsillos un espectacular currículum repleto de delitos de pedofilia junto a una larga lista de buenas obras.

Así, en su biografía aparecen, hasta el momento, 116 imputaciones por abusos a menores y cerca de 1.000 implicaciones en delitos similares que se cometieron al abrigo de la secta que él mismo fundó en Baviera a finales de los años 80. Junto a ellas, Schulz posee un buen número de CD de música chill out que todavía vende, y una medalla de Vila Nova de Cerveira, lo localidad portuguesa en la que residió durante varios años y que lo convirtió en hijo predilecto, por sus buenas obras.

Según publicaba ElPaís.com, este alemán perseguido por la Justicia se ganó la amistad y casi la veneración de los vecinos de esta localidad lusa, situada a escasos kilómetros de Pontevedra, a fuerza de utilizar su talonario.

Entre otras donaciones, se dedicó a subvencionar las fiestas del pueblos y a ayudar a los enfermos, pagándoles operaciones que para ellos era una utopía costearse. También regaló cinco ambulancias a los Bomberos Voluntarios de la localidad, donó la escultura que adorna la plaza del municipio y sufragó una silla de ruedas, muchas medicinas, facturas, electrodomésticos y carros de la compra a los agradecidos residentes.

No es de extrañar que, por toda esa lista de bondades, los habitantes del pueblo sólo tengan buenas palabras al recordar la figura de Schulz, a pesar de conocer la naturaleza de los delitos que se le atribuyen. «Era un hombre humilde... Era tan amable, tan generoso ... Quería a todo el mundo. Los chicos de aquí eran amigos de sus hijos. Iban a su casa a merendar», cuenta ElPaís.com que señalaban los vecinos del pederasta.

Importante patrimonio

Ulrich Schulz era dueño de un gran patrimonio en el municipio portugués, donde residía en una gran mansión, en la ladera de Loivo. Además, Schulz era también el propietario de una inmensa finca, que albergaba varios edificios, invernaderos, cuadras con caballos, un buen número de roulottes y autocaravanas, y distintos cenadores.

El alemán tenía también otras fincas en el pueblo que sus adeptos usaban como aparcamientos cuando lo visitaban.