Sara, ¿dónde estás?

21/02/2007

El 30 de junio de 2006 la menor Sara Morales salió de su casa en Escaleritas y nunca más fue vista. Después de más de seis meses, su desaparición sigue suscitando mil y un rumores y su familia vive en la desesperación de no saber qué ha sido de la adolescente.

El 24 de enero de 2007 Sara Morales Hernández, donde quiera que esté, cumplió 15 años. Ya va para siete meses que la menor desapareció de su casa en Escaleritas (Las Palmas de Gran Canaria) y aún hoy nadie parece saber qué pasó, dónde está ni en qué punto de ese corto recorrido de su casa al Centro Comercial La Ballena su rastro se perdió.

«La Policía no dice nada», explica Nieves Hernández, su madre, que añade que ya no sabe ni cuántas veces han respondido a las preguntas de los agentes encargados del caso. Éstos no han dejado de buscar en ningún momento, pero los resultados siguen siendo los mismos: nada.

El pasado fin de semana una llamada de una mujer les devolvió la esperanza por un día. «Nos dijo que ella tenía a Sara y que nos la iba a traer porque le había pedido ayuda». Esto ocurrió el pasado viernes y su familia estuvo esperando toda la jornada a que, en cualquier momento, apareciera la adolescente por la puerta.

Nada de eso ocurrió. La Policía rastreó la llamada y dio con una mujer que estaba desequilibrada. Otro callejón sin salida.

Bulos

Esta llamada del pasado fin de semana es una de las últimas falsas alarmas, pero ha habido muchas más. El 5 de agosto de 2006, la familia, abrumada por una serie de bulos que daban a Sara por hallada muerta, salieron en manifestación para acallar esas voces. Fue sólo el principio. Aunque su familia reconoce que ahora las cosas se han relajado mucho, la semana pasada sufrieron otro sobresalto.

«Todo el mundo me llamaba para darme la enhorabuena porque Sara había aparecido», narra Nieves. La razón es una equivocación de la presentadora de un programa de televisión especializado en buscar a desaparecidos. Una niña de 15 años, llamada Sara Molina, había aparecido en Algeciras, donde había escapado porque se había quedado encinta de su novio. En una de las ocasiones, dado el asombroso parecido entre los nombres de las dos adolescentes, la locutora dijo «Sara Morales», en vez de «Sara Molina». La confusión y el boca a boca hicieron el resto.

La pregunta de cómo está la familia de la menor es difícil de responder. «A veces tocamos fondo y otras nos levantamos. Unas veces lo llevamos mejor y otras peor», explica Nieves Hernández. El día a día es complicado sobre todo por la falta de respuestas.

Desesperados

Cualquier iniciativa que pueda hacer que no se olvide el caso de la menor es bienvenida. Han montado manifestaciones, participado en múltiples programas de televisión, atendido a todos los medios de comunicación que llaman a su puerta...

Los carteles que están dispuestos por toda la ciudad y por todas las Islas han comenzado a amarillearse, algunas vallas publicitarias cedidas por diferentes instituciones ya cambiaron la cara de Sara por anuncios comerciales. En él único lugar donde las imágenes de la adolescente han ido multiplicándose en vez de menguar es en la casa de la abuela materna, todo un santuario dedicado a la menor.

La salud de Josefa Castellano, la abuela de Sara, ha empeorado con toda esta situación. El susto de la llamada que el pasado viernes le hizo ponerse mala.

La hermana pequeña de la adolescente, que ahora tiene siete años, tampoco ha dejado de preguntar por Sara. «Pregunta que cuándo va a volver, que ya está bien. A veces no sé ni qué decirle», reconoce Nieves. En estos momentos es ella la que habla porque es la que se encuentra más entera. La pregunta que se hace desde que comenzó este largo calvario es siempre la misma: ¿dónde está Sara?

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