Santiago Gil: "Nieves Rivero me va a sobrevivir"

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El escritor grancanario  Santiago Gil (Guía, 1967) abre con esta entrevista sobre su nueva novela, ‘La costa de los ausentes’, una semana en la que CANARIAS7 focaliza sus páginas culturales en las celebraciones del día del libro. El autor isleño ha publicado su novela más crítica y comprometida.
—Nieves Rivero es el punto central de su nueva novela La costa de los ausentes (Mercurio Editorial). ¿De dónde sale esa mujer?
—Nació hace unos cinco años. La novela la terminé hace cuatro. Cuando escribo, siempre intento que pasen uno o dos años antes de retomar el libro y decidir si sale del cajón y lo publico. Algunos no pasan esa criba. Muchas veces, cuando los retomo, no recuerdo casi nada de ellos. Ni siquiera los nombres de los personajes. Este libro lo escribí en un momento clave de mi vida. Se produjeron una serie de cambios trascendentales. Y pensé que era el momento de afrontar una novela–novela. Me refiero a las novelas de Galdós, Stendhal, Flaubert... con todas las distancias. No solo contar con frases cortas...
—¿Crear un mundo?
—Sí, crear un mundo. No lo había hecho hasta ahora. Lo que he hecho con anterioridad es contar cosas del mundo. Muchas veces, con una mirada más periodística que literaria. Los que ya la han leído se han sorprendido al ver que es más densa, más lenta... con un estilo menos dinámico del que acostumbro. Lo entiendo como un homenaje a los escritores que me hicieron escritor. Fortunata y Jacinta, Rojo y negro, García Márquez, Vargas Llosa... esas catedrales literarias que me marcaron. Tenía claro que tenía que intentarlo. Y lo haces muchas veces. Hay ocasiones en las que, en la página 40 o 50, se transforma todo en otra cosa. O no se llega a ninguna parte.
—¿Y en este caso?
—Con Nieves tuve una inmensa suerte. Soy Santiago Gil y dentro de cien años no seré absolutamente nada. La sensación que tengo con este libro es que Nieves Rivero se va a quedar. Me va a sobrevivir. Se cuenta ella. Con una desnudez y una hondura tremenda. La pregunta típica en estos casos es si hay mucho de mí en ella. Te digo que sí. Por supuesto. Juega con mis escenarios, mis lugares determinantes. Así como las ciudades que me hicieron escritor y persona. Londres, Agaete, Guía, Dublín y Madrid, sobre todo. Uno siempre es de donde vive. Lo que esos lugares te dan. Yo dejé la carrera de Derecho, con 21 años, para irme a Londres con la intención de hacerme escritor. Imagina qué salto al vacío. No me hizo escritor, pero sí que me dio una mirada hacia el mundo y después acabé haciendo periodismo en Madrid. Es un homenaje a las ciudades en las que he sido feliz.
—¿Reconoce que se trata de su novela más comprometida? Es evidente la crítica política, la corrupción, la destrucción del paisaje, la inmigración... y lo hace de forma contundente.
—La inmigración y las cuestiones paisajísticas son dos cuestiones que nos tocan muy de cerca a los canarios contemporáneos. Con lo del turismo nos han destrozado el paisaje. El tema de la inmigración la vimos tan de cerca...Una de las imágenes que plasmo en el libro la vi en directo. Una tarde nublada en Las Canteras, en cuyo paseo, un grupo de inmigrantes estaba apoyado en la barandilla esperando a ver si aparecían sus amigos, que venían en una patera que naufragó. La literatura no es más una imagen que te aparece. Y esa imagen era una novela. Eso se unión con Nieves y con la vida que llevamos. Cuando la escribía se produjo la Spanish Revolution, muere Bin Laden... Cosas que incluyes en la novela porque influyen en la vida de Nieves. También incluyo el final de una supuesta casta de políticos, con personajes que han ido cambiando de cargos y de partidos durante veinte o treinta años.
—A los que aparecen en su novela cada lector le podrá poner la cara de un político distinto...
—Cierto. Pueden ser todos. De cualquier partido. Todos los tenemos en mente. Nieves, al final, lo que hace es contar el tiempo en el que vive. Todo dentro de una búsqueda personal, marcada por algo tan importante como ser madre. Perder un hijo es el mayor dolor posible. ¿Cómo alguien se puede enfrentar a algo tan terrible? La novela consiste en ponerse en el lugar de esa persona. Eres otro, tratar de entenderlo y así entender ese mismo tiempo en el que vive.
—¿Qué puede entender el lector a través de Nieves, más allá de ese dolor?
—Todos nos hemos visto, alguna vez, en su lugar. O tenemos miedo de vernos en ese lugar. Seguir su camino es ir detrás de la inevitable supervivencia. A pesar de lo que pasa, seguir viviendo. Ella recurre a la infancia, que suele ser el paraíso perdido. También recurre a los amores perdidos y que parecían verdaderos. Y también al paisaje. Por eso creo que es mi novela más unida al paisaje. Es el libro que viaja más lejos, pero que está más unido a nuestro paisaje. Sobre todo a lo que significa para los canarios vivir junto al mar. De ahí que se titule La costa de los ausentes. En mi vida, cuando he tenido alguna pérdida, siempre he recurrido al mar. Al horizonte.
—¿Tuvo siempre claro que ese personaje iba a ser una mujer?
—Salió mujer. Desde el principio. Quizás para alejarla un poco de mí. Mientras la he ido releyendo, se la he ido pasando a varias amigas. Creo que en el alma humana no hay diferencias entre hombres y mujeres. Otra cosa son las diferencias sociales y los hombres que se aprovechan de éstas son unos canallas. En lo esencial, somos iguales. Pero es cierto que, cuando te pones en el pellejo de una mujer, ves más claras esas diferencias, las discriminaciones. En su entorno, en su ciudad, en su pueblo... No la tratan de la misma manera que a un hombre.  
—Comentaba usted al principio que retomó este libro tras un tiempo en reposo. ¿Ha cambiado mucho la novela definitiva con respecto a la original?
—Es una novela que reescribí hace siete meses, cuatro años después. La esencia es la misma, pero el contenido sí que ha variado. He cortado muchísimo. Acabas eliminando mucho. Incluso, hasta hace tres semanas, con las últimas galeradas. Siempre tienes miedo a enfrentarte al lector. Con los años, aunque pones lo mejor de ti, más que miedo a defraudar al lector, temes defraudar al propio personaje, a Nieves Rivero. Temes no haberla contado como ella se merece. Ella es un regalo que te hace la vida como escritor. No me había encontrado hasta ahora con un personaje así.
—¿Teme que la novela levante ampollas en Agaete?
—Los que nos criamos en Agaete, unidos a un paisaje, compartimos la visión de Nieves Rivero. El tema recurrente de conversación, cuando nos encontramos, es recordar que vivimos en un paraíso que nos los robaron. Se equivocarán los que entiendan la novela como una crítica hacia el lugar, hacia Agaete. Se critica a las personas que especularon con ese lugar. Muchas de ellas, ni siquiera vivieron o viven allí. En muchos enclaves del Sur de las islas sucede lo mismo. Nos deben muchas explicaciones. Pensábamos que en los años 80 se llegó al final del destrozo, pero después fue aún peor. Aún pueden venir cosas peores, como la opción de un segundo dique en Agaete. Algo que me parece aberrante. Incluso, puede que la novela se quede corta, a medio y largo plazo. De todas formas, si levanta ampollas... mejor que mejor. Uno no escribe pensando en mover conciencias, sino para emocionar. Si esas emociones suscitan un debate sobre el deterioro del paisaje, genial.
—Estilísticamente, utiliza de nuevo monólogos interiores, algo muy tuyo.
—Sí, pero también introduzco diálogos, algo que no había hecho antes. Siempre he huido de los diálogos, porque es lo más difícil de la literatura. Aquí salen porque los personajes pedían dialogar. Y me salieron fácil. Están muy trabajados.  
—El propio desarrollo de la novela veo que le marca el camino a seguir.
—Así es. Nunca sé cómo acaba lo que estoy escribiendo. Hasta las 200 páginas es una novela. Con su final. Pero creo que en literatura hay que intentar dar siempre un paso más. Hay que jugar. Jugar con el lector, como hizo, por ejemplo, Virginia Woolf con Orlando. ¿Qué es verdad y qué es mentira? Llegado ese momento, el lector se encontrará con que tres partes más y un epílogo, que hará que se lo replantee todo.
—¿Eso estaba en su proyecto original?
—No. Surgió después. Consiste en jugar con la realidad a tu gusto. Todo puede ser de mil formas diferentes.