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En estos días tanto Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias, como su consejera de Hacienda, Rosa Dávila, han insistido en que no poco de lo escuchado, a propósito de la crisis de Gobierno desatada en el ejecutivo regional entre socialistas y nacionalistas, tras la censura de estos últimos a los primeros en Granadilla, no era más que ruido del que había que abstraerse si lo que se quiere es reconducir el desencuentro. A uno y a otra habría que recordarle lo que decía Montesquieu: «Si acercamos el oído a una sociedad y no oímos ruido de conflictos es que no hay libertad». Otra cosa es el escándalo, que sí es lo que impera por aquí  y casi todos los lares en estos tiempos de tantos desasosiegos.

Porque escandalosas son las artes, con bastantes dosis de cinismo, de los coalicioneros para con sus socios de gobierno, como también lo son no pocas bravatas de los socialistas, desnortados como nunca, demandando imposibles y dando patadas hacia adelante antes de tener que desdecirse.  

Y de escándalo es que el Partido Popular se atreva a reclamar, por cuestiones formales, la anulación del juicio del caso Gürtel, el icono de los muchos casos de corrupción que han putrefactado España entera, o insinuar que la abstención socialista, que estos quieren que sea activa, ha de ser sumisa. Este país ya no es el que era, aunque no le guste a ninguno de los dos. Si tanto dicen que no quieren terceras elecciones, que dejen de usarlas como espantajo o terminarán desenmascarados aún más.

Escandaloso es también que el Reino Unido, siempre mostrado como ejemplar democracia, ande ahora con un Gobierno que apuesta  por limitar la presencia de trabajadores extranjeros e incluso de estudiantes, aunque en esto se hayan desdicho en las últimas horas, después de haber comprobado los muchos millones que dejan los más de cien mil jóvenes que cursan estudios en la Gran Bretaña. Y es que la pela es la pela, desde Polonia a Inglaterra, pasando por Cataluña.

Qué decir de Hungría, comandada por el xenófobo Viktor Orbán, al que hasta hace poco la UE le gruñía y con el que ahora ya no se es nada contundente, pese a que los refugiados siguen llegando a  miles, cientos de miles; o de Turquía, con ese socio llamado Erdogan, triunfador frente a un nunca esclarecido golpe de Estado que le ha servido para depurar a decenas de miles de contestatarios.

De Donald Trump sobran los escándalos, pero ahí está manteniendo, desafiante, las opciones de gobernar el país más poderoso del planeta. En Colombia venció el no a la paz, por unos pocos entre los pocos que votaron. ¡Qué lluevan balas! ¡De escándalo!

Y Telde vive en el escándalo desde hace mucho. Para irlo menguando, la alcaldesa, que se había comprometido atrevidamente a no gobernar jamás con quienes hubiesen participado en el mandato anterior, invita ahora a CC a incorporarse al gobierno para garantizar la estabilidad. En política siempre hay razones que justifican lo quiebros. Una de ellas debiera ser, como dijera Clemenceau, no olvidar que «manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra».

@VicenteLlorca