Tribuna libre

¡Repsol y cierra España!

21/04/2012

 

Confieso que en estos últimos días he estado tentado de coger los bártulos, levantar mi casa y trasladarme a vivir definitivamente al paraíso que, según me han contado, ha propiciado Repsol en los últimos años en la antigua Tarraco romana. He llegado a la conclusión de que los problemas de nuestros pescadores, de la escasez y carestía del pescado en Canarias, se debe a que la falta de un toquito de crudo en nuestras aguas disuade a los peces a la hora de reproducirse. También me han convencido de que nuestros camarones soldados de aguas profundas no se atreven a salir a la superficie, como las gambas de Tarragona, porque necesitan ese puntito de grasa que la ausencia de perforaciones impide. Por lo que he leído, visto y oído, probablemente existen muy pocos lugares en el mundo donde la compatibilidad del turismo con la industria pesada adquieren una  complementación tan extraordinaria. Y, según parece, está todo el mundo contento. Están contentos los responsables políticos, los representantes de los pescadores, los trabajadores… Pero ese aire bucólico no me casa con las noticias que los medios de comunicación más cercanos a la Costa Dorada mediterránea y otros no tan cercanos  nos vienen transmitiendo desde hace algunos años. Desde 2004 hasta la actualidad se han producido en esa zona 18 vertidos de los que 8, algunos de una considerable dimensión, corresponden a Repsol. El primer derrame repsoliano –de dos kilómetros de largo- lo ocasionó en febrero de 2004 la plataforma Casablanca y luego vendrían otros en ese mismo año, en 2006, 2007 (2), 2009, 2010 (2)…
Durante todos estos años la prensa no ha cesado de informarnos sobre estos incidentes. En 2007, elEconomista.es anunciaba que las cofradías de pescadores de Tarragona y Cambrils estudiaban querellarse contra la petrolera por vertidos de crudo frente a las costas. El mismo representante de los pescadores que hoy se pasea por los medios hablando de las bondades del petróleo,  Esteve Ortiz,  apuntaba cómo le estaban afectando los derrames a la flota pesquera y a las especies marinas. En 2008 una fuga tóxica provocó la muerte de toneladas de peces y el corte de parte del suministro de agua a la ciudad. En 2009 el juzgado número 3 de Tarragona, a instancias de la fiscalía, abrió una investigación por la vía penal contra la petrolera y la empresa Pride of     North America por un presunto delito contra el medio ambiente al producirse dos fugas de crudo sin que se informara de ello a las autoridades.  En noviembre del mismo año El País nos participaba que los pescadores habían conseguido que la compañía les indemnizara (se hablaba de 1,5 millones de euros) por los daños causados. En diciembre de 2010 el periódico El Mundo daba cuenta de una investigación abierta por la Subdelegación del Gobierno en Tarragona por un vertido de fuel que alcanzó una extensión de 19 kilómetros cuadrados, «el equivalente a 2.000 campos de fútbol», decía. Más tarde se supo que el ministerio de Medio Ambiente había eximido a la empresa del estudio de impacto ambiental (EIA) correspondiente.  En diciembre de 2010 el error de un operario provocó un vertido ante el delta del Ebro de entre 120.000 y 180.000 litros que ocupaba unas 1.900 hectáreas. En enero de 2011 el periódico de Cataluña publicaba que los vertidos de petróleo se abrían paso en los juzgados tarraconenses y nos decía que «la costa de Tarragona no sale indemne de la intensa actividad petrolera que se desarrolla en sus aguas». Según el fiscal de Medio Ambiente de Tarragona todos los expedientes abiertos siguen su cauce y no están archivados. Por esas mismas fechas, el periódico de Prisa, afirmaba  que el Gobierno exigía más seguridad a Repsol tras el goteo de vertidos: «La repetición de fugas nos obliga a revisar los protocolos de seguridad de Repsol para evitar más vertidos», advertía la subdelegada del Gobierno- El alcalde, del PSOE, llamaba a la asunción de más inversiones en seguridad  y al compromiso  «de tener riesgos cero en estas fugas», lo que fue contestado por la compañía con el anuncio de una inversión de 130 millones de euros. También en esta ocasión el patrón mayor de la Cofradía, Esteve Ortiz, decía en ABC que se quejaban de la falta de información por parte de la compañía petrolífera, que «sólo acaban consiguiendo cuando acuden a los tribunales».
En fin, que no parece que todo sea una balsa de aceite. O sí, según se mire. Lo cierto es que Ángel Suárez, presidente de la Coordinadora de Entidades de las Comarcas de Tarragona, ha pedido la creación de un Tribunal Internacional de Medio Ambiente que «permita perseguir, juzgar, y sancionar a las multinacionales que están contaminando nuestros mares y océanos con la máxima tranquilidad y sin ningún control». Visto lo visto, no me mudo. Me quedo aquí y seguiré escribiendo para poner un granito de arena que permita evitar que esos mismos daños se produzcan en las aguas de Canarias. Detrás de todo esto se trasluce, con meridiana claridad, el enorme poder de una multinacional que mueve ingentes cantidades de dinero y que se juega ingentes cantidades de dinero también para apurar las pocas gotas de petróleo que van quedando en el mundo; que utiliza al Estado, al Gobierno español y a los partidos políticos mayoritarios como títeres y los pone a su servicio cada vez que lo considera necesario para sus intereses. Con la excusa de la Defensa del Derecho Internacional (que se esgrime para salvar los grandes intereses económicos o para invadir países en función de sus necesidades geoestratégicas y nada más) hemos visto en los últimos días las intervenciones y presiones del Rey, de Felipe González (Gas Natural-La Caixa), la UE  y  hasta de Obama ante la presidenta argentina. Y también las advertencias de Soria de provocar una irresponsable guerra diplomática, con el riesgo de causar  perjuicio gravísimo a las empresas españolas que trabajan en ese país: «una reacción hostil contra una empresa española es por tanto en contra de España». Y todo para torpedear el que un país ejerza su pleno derecho a nacionalizar una empresa que no cumple con sus expectativas y obligaciones y  haga uso de su soberanía para negociar con los chinos o los americanos la venta de YPF como parece ser hacía Repsol. Y no es la primera vez que sucede. Ya Moratinos puso la política exterior española al servicio de la petrolera acudiendo como intermediario a negociar con el tirano guineano Obiang, al que recibió con todos los honores en España, o acompañando a hacer negocio a Brufau a algunas de las nada democráticas repúblicas de la antigua Unión Soviética o de África. Y todo con el pretexto de una españolidad absolutamente falsa pues la participación de empresas españolas en su capital no llega al 50% (Sacyr, Caixabank y otros inversores) perteneciendo el resto a México (Pemex), y a fondos de inversiones chinos, americanos y de otros lares. Repsol fue creada por el Gobierno español en 1986, a partir del Instituto Nacional de Hidrocarburos y se privatizó totalmente en 1997 de la mano de Aznar, a precios irrisorios según el Tribunal de Cuentas. A partir de ese momento se ha convertido en una multinacional con prácticas cuestionables en lugares como Nigeria, Sierra Leona, Guinea Ecuatorial, Ecuador, Argentina, Colombia, Venezuela, Bolivia, etc, donde se constatan serios problemas con las comunidades indígenas, con el medio ambiente, con el aumento de la corrupción inducida, etc. Forma parte también de ese 82% de empresas del Ibex que acude a paraísos fiscales creando en 27 países 272 filiales (13 son suyas) ocultas a la Hacienda pública española. Puro patriotismo. Pura españolidad.