Reinventarse a los 50

18/11/2013

Tres profesionales que perdieron buenos empleos en el naufragio general de la crisis ponen rostro a una de las caras del paro. ¿Qué hacemos?

Después de una exitosa carrera internacional como ejecutiva de una línea aérea, nunca imaginó que con 40 y tantos no encontraría trabajo en Canarias. «Con mi currículo y mi experiencia pensé que conseguiría trabajo en el sector turístico, pero no fue así». Celina Melián (Las Palmas de Gran Canaria, 1964) agotó los dos años de paro buscando trabajo por cuenta ajena antes de plantearse que algo tendría que hacer. Una amiga le abrió el camino, desempolvó sus estudios de Derecho, se colegió, y ya hace unos meses que ejerce como procuradora.

«He empezado en la peor de las circunstancias, con las tasas (que gravan determinadas acciones judiciales) han bajado un 40% las demandas que se presentan y en mi familia no hay abogados. Pero estoy contenta, empiezan a llegar los clientes».  En el caso de Celina Melián, la pérdida del empleo es una mezcla entre la crisis económica   -la línea aérea SAS donde trabajaba centraliza la dirección y a ella le ofrecen Bruselas y Estocolmo, destinos que rechaza-, y una crisis personal: «yo quería volver».

Aunque con distintas circunstancias, los tres protagonistas de esta información tienen en común  un elevado nivel de formación y respaldo familiar. También la edad y éste es el motivo del reportaje: los tres han sabido o han podido dar un volantazo a su vida en el entorno de los 50, un momento que hasta hace muy poco era sinónimo de madurez y solvencia profesional y ahora puede convertirse en una encerrona.

Volver al circuito laboral  a esa edad es poco menos que un milagro, según  la visión que aporta  Javier Fernández, secretario regional de Formación y Empleo de CCOO-Canarias.  En esta tesitura, nuestros protagonistas optaron por el autoempleo después de fracasar en la búsqueda de trabajo por cuenta ajena.

El ingeniero agrónomo Carlos Martell Hernández (Las Palmas de Gran Canaria, 1963) se despidió de su último empleo como director general de una importante empresa del sector de la alimentación en 2013, justo a los 50. Su primera opción fue explorar sus relaciones en Asinca (la Asociación de Industriales  de Canarias) en busca de proyectos donde pudiera encajar. Acarició dos posibilidades, pero ninguna cuajó. Ha decidido poner en marcha una  finca de agricultura biológica, a sabiendas de que es un asunto complicado.

«Producir aquí es caro y traer productos de la Península, barato. Me he inclinado por la agricultura biológica para que tenga cierto valor añadido. Todo consiste en que el mercado lo sepa valorar», argumenta el ingeniero agrónomo.

Casado y con dos hijos universitarios, expone que en estos dos años de desempleo ha tenido que realizar ajustes en la economía doméstica.  «Tu vida es tu empresa y tienes que redimensionar todo: ver qué puedes mantener y de qué puedes prescindir». Ahora la finca familiar que siempre fue un hobby se convierte en el medio de vida. La intención es crecer y crear empleo.

Martell opina que la agricultura no va a sacar a Canarias de la crisis, pero debe ser «una de las patas que tiene que echar una mano». Apunta también su valor paisajístico  y su efecto en el turismo: «Este aspecto tiene valor para la Unión Europea, tanto que las plataneras al aire libre -fuera de invernaderos- reciben una ayuda especial por su aporte al paisaje».
Manuel Cartón Esteban (Madrid, 1962) estaba en el paro desde 2010 , a raíz de una reestructuración en la empresa de gestión de restaurantes de aeropuertos en la que trabajaba. Fue el gerente para el aeropuerto de   Gran Canaria desde 1996 hasta 2010. 

«Fui optimista dada mi experiencia y conocimiento del mercado; estaba convencido (de que iba a conseguir un empleo), incluso viajé a Madrid a una entrevista». No obstante, agrega más adelante: «Soy un privilegiado a nivel económico, porque salí con los 45 días de indemnización, antes de la nueva ley.  Pero ya no podía seguir gastando».  También casado y con dos hijos, Cartón se planteó el autoempleo.

«Encontré esto (un bar de perritos calientes y burritos) que he puesto con mi hermano y con apoyo económico familiar. De estar en una posición de gestión donde pensaba subir escalones, a mi propio negocio; aquí, al pie del cañón», dice desde una de las mesas de su Frankfurt & Burritos, abierto el pasado 10 de octubre en uno de los laterales del Mercado del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria.

Promete perritos y burritos de autor, ingredientes de primera calidad y alicientes como ketchup y mostaza de elaboración casera.

Los protagonistas.

Celina Melián Pérez  (Las Palmas de Gran Canaria, 1964) acabó Derecho en la Complutense de Madrid en 1987. Después de tres años en un despacho con compañeros de carrera, entró en la aerolínea escandinava SAS. En 2000 ya era directora financiera y de Recurso Humanos para España y Portugal. La crisis, que se cebó en las aerolíneas, y otros factores como el volcán que estalló en Islandia obligan desmantelar la delegación en España para centralizar  servicios.  Le ofrecen Bruselas y después Estocolmo y una importante proyección profesional. Pasa un año trabajando para la central de Estocolmo viajando mucho, pero decide volver a Gran Canaria. Pensó que con su currículo iba a encontrar empleo. Ahora, está empezando de cero como procuradora.

Manuel Cartón Esteban (Madrid, 1962) es técnico de empresas y actividad turística y máster en dirección comercial por el instituto Icade. Entre 1996 y 2010 dirigió las cafeterías del aeropuerto de Gran Canaria. Tenía responsabilidad sobre 220 personas empleadas en 16 unidades de venta. Con la crisis, bajaron las ventas y la empresa prescindió de varios directores de aeropuerto. Cartón entre ellos. Con ayuda de la familia y el apoyo de su hermano Alfonso (en la foto de blanco) ha abierto en el Mercado del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria Frankfurt & Burritos, donde preparan perritos y burritos «de autor» (desde 2,50 euros). «Es un retroceso profesional, pero tengo ilusión».

Carlos Martell Hernández (Las Palmas de Gran Canaria, 1963), ingeniero agrónomo (Universidad de Córdoba, 1987) empezó en el Banco de Crédito Local como asesor económico y analista de inversión. Como muñecas rusas, el Banco de Crédito fue absorbido por la Caja Postal, ésta por Argentaria y ésta por el BBVA. Martell ocupó cargos directivos en todos ellos hasta que en 2008 pidió la excedencia en BBVA para ocupar la dirección general de Ahemón y Aperitivos Snack. Por circunstancias relacionadas con la crisis, abandona esta empresa y pide volver a BBVA.  La reincorporación no es posible y finalmente Carlos Martell opta por volver a lo que le gusta. «Mi proyecto es poner en marcha una finca de agricultura ecológica, crecer y poder crear empleo».