Rafael Álvarez El Brujo: «Los tiempos que corren me la traen ya al pairo»

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

¿Ha sido muy difícil destilar los diez en esta pieza teatral sus últimos años de trabajo como cómico? Llevo tantos años sobre el escenario que en esta obra intento mostrar la quinta esencia de 25 años de teatro. Además, ha surgido en estos momentos en los que la crisis exacerba el ingenio. Nos volvemos más listos por necesidad y procuro que el público pueda reírse intensamente desde el principio y al final. Por el escenario también aparecen los cómicos que me han marcado desde Cantinflas a Jerry Lewis, pasando por Buster Keaton a Charlot, grandes del cine mudo que basan su humor en el gesto, o el humor español que me marcó, con Miguel Gila o Tony Leblanc.

Después de pasar tantos años sobre el escenario, ¿con qué se ha quedado? Hay de todo. Depende de cada día. También hay muchas improvisaciones y este es un espectáculo abierto, depende de donde estás y de la actualidad, que siempre se cuela por detrás.

Con todo lo que habrá vivido, supongo que tendrá material suficiente para escribir un libro. Sí, pero para eso hay que tener tiempo para escribirlo. Actuar significa mucho movimiento, ir al aeropuerto, esperar, subir, ir a otra Isla, a otro hotel. Después de la función acabas completamente agotado. No tienes gana de escribir nada, solo llamar a tu casa y hablar con la familia.

¿No se aburre de hacer reír? ¿Le tienta hacer papeles dramáticos? ¿Qué le aporta la risa? No te aburres nunca porque la risa es lo contrario del aburrimiento. ¿Tú has visto a alguien descojonándose y aburriéndose al mismo tiempo? Me gusta mi trabajo y es divertido. Si estuviera en una ventanilla del Ministerio de Hacienda estaría jodido, y pensando en jubilarme, en cuánto tiempo me faltaría para dejar de trabajar. Pero tengo la suerte de trabajar en algo donde te olvidas de todo: vives el presente intensamente en el escenario y el arte se siente. El que es artista no se aburre. Un artista aburrido es una cosa muy rara.

Parece que la crisis no va con usted. Sigue llenando teatros. Unos sí, otros, a la mitad, y alguna vez he tenido algún pinchazo. Este año menos. Lo estoy notando en todos sitios donde vamos. La gente funciona. Lo he notado desde el final del año pasado.

¿ Su espectáculo Cómico es tan pedagógico como el resto de sus trabajos? Siempre. Siempre hay un broche final que ya lo veréis... Está relacionado con la crisis, con la situación política y con la condición humana y existencial de estos tiempos. Con el humor todo se eleva y adquiere otro tinte, otra calidad, una categoría poética

Me refería al aspecto literario. Cómico lo es menos. No está basada en los clásicos. No aparece Shakespeare, ni la Odisea, ni El lazarillo... Está inspirada en un monólogo de Darío Fo, en San Francisco, juglar de dios.

Ya ha dicho que en esta revisión del pasado se cuela la actualidad, ¿qué le interesa subrayar sobre los tiempos esperpénticos que vivimos? Nada. Los tiempos me la traen ya al pairo. Esto es un aburrimiento de cifras brillantes sobre lo mal que está todo. Los artistas, cuando nos entrevistan, estamos obligados a decir algo interesante sobre la crisis y sobre el mundo. A veces ya está dicho todo. Lo que hay la gente lo sabe y el que no lo sabe es porque no quiere. Tenemos lo que hemos votado y la situación es la que hemos generado. Habrá que esperar a que la sociedad despierte y a que seamos más maduros.